Las revelaciones de Saddam Hussein
El difunto dictador iraquí, Saddam Hussein, solía pedir a los guardias que le custodiaban que le trajeran flores, durante los tres años que estuvo retenido por las fuerzas estadounidenses antes de ser ejecutado en diciembre de 2006. Este y otros secretos fueron desvelados ayer por el diario internacional en lengua árabe «Al Hayat», que publica por primera vez fragmentos de los diarios que el dictador iraquí escribió durante su reclusión.
Saddam Hussein pedía a sus carceleros que recolectaran para él flores de un jardín situado en la prisión Cropper, cerca del aeropuerto de Bagdad, en donde estuvo recluido desde diciembre de 2003, cuando fue capturado por EU, hasta el 30 de diciembre de 2006, fecha en la que murió ahorcado tras ser condenado a muerte por un tribunal iraquí.
Saddam explicó que ésta era una de las pocas peticiones que había hecho a lo largo de su vida.
«Nunca pedí nada a lo que no tuviera derecho», aseguró el dictador en uno de los cinco tomos de sus memorias.
El ex presidente de Irak tampoco quería que sus ropas entraran en contacto con los uniformes de los guardias que le custodiaban, al ser colgadas en el tendedero de la prisión, y así lo exigió en reiteradas ocasiones. «Temía que los guardias me contagiaran alguna enfermedad de trasmisión sexual», confesó Saddam en sus escritos. «Expliqué a los guardias que no quería que nuestras ropas se tendieran juntas y ellos lo entendieron», escribió Saddam, aunque al parecer tuvo que hacer especial hincapié en ello y alguno de sus carceleros no respetó su voluntad.
«Fui muy firme acerca de este asunto y repetí en varias ocasiones mi deseo», dijo.
Saddam describió en las últimas páginas de sus diarios cómo cada mañana realizaba ejercicios físicos bajo la supervisión de los guardias.
El prestigioso rotativo «Al Hayat» no especificó cuándo y cómo tuvo acceso a las memorias del dictador, pero citó a fuentes del Ejército de EU, las cuales desvelaron datos acerca de los tres años que Saddam Hussein pasó en Cropper. Las fuentes aseguraron que el ex presidente iraquí nunca presentó ninguna queja acerca de las condiciones en las que se encontraba en esa prisión.
«Saddam no tenía muchas exigencias, sólo pedía poder fumar puros habanos, poder vestir uniforme militar y comer patatas fritas», dijeron las fuentes estadounidenses a «Al Hayat». El dictador pasaba la mayor parte de su tiempo leyendo el libro sagrado de los musulmanes, el Corán, rezando y escribiendo sus memorias, en las que repasó su vida, desde su niñez hasta sus últimos días en prisión, según revelaron las fuentes militares.
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