La hora de la gran confluencia

Por Niko Schvartz

Este mundo nâo presta; venha outro / José Saramago Demissâo (De: Os poemas possíveis)

El adversario es demasiado poderoso para que cada fuerza puede oponérsele por separado, con su cañoncito propio. No podemos darnos ese lujo, sino que debemos buscar los caminos para converger acumulando todas las fuerzas posibles en pos de objetivos comunes, bien delimitados. Todas son necesarias. La diversidad enriquecedora de los movimientos, muchos de ellos muy jóvenes (entre ellos los que agrupan precisamente en forma mayoritaria a los jóvenes, vivamente presentes en las grandes demostraciones recientes), determina que ésta sea una tarea ardua. Pero es factible, según opinión predominante en el Encuentro, escenario a su vez de franca confrontación de opiniones, a veces divergentes, a menudo complementarias.

 

Una diversidad enriquecedora

Para empezar, la condena al neoliberalismo constituye un punto de partida común. En seis plenarias y 28 talleres se asitió durante tres días a una disección exhautiva de los desastres que origina el reinado incompartido de esa forma (o variante según unos, fase según otros) del capitalismo imperialista llamado neoliberalismo, en todos los aspectos de la vida en el mundo. Fue una visión realmente planetaria, que abarcó problemas comunes a todo el género humano y especialidades de las grandes regiones del planeta, en particular la dicotomía norte-sur. (Una anécdota: uno de los talleres en que me tocó participar estaba presidido por Sylvie Mayer, de Espaces Marx, quien contó que había escrito en su computadora la expresión sur-norte, y ésta apareció marcada como un error). Danielle Mitterrand, de France-Libertés, condenó el sistema derivado del «pensamiento único» que «deja por el camino a miles de millones de seres» y destacó «la resistencia a la fatalidad de la miseria».

la organización misma del Encuentro, que reunió 11 entidades de izquierda, ecologistas, religiosas, educativas, académicas, periodísticas de alcance mundial, y otras, era expresión de dicha diversidad. En la historia anterior de movimientos internacionales, la diversidad solía verse como fuente de conflictos y dificultades, en tanto ahora se considera como altamente beneficiosa en la medida que permite abarcar distintos puntos de vista para una visión más integral de cada problema.

Sobre estas bases se analizó el pasaje a una etapa más alta de la contraofensiva frente al poder omnímodo del neoliberalismo y sus instrumentos de dominio.

 

Los lazos entre lo antiguo y lo que emerge

En esta materia, no todos piensan lo mismo. Algunos ejemplos.

Un delegado ecuatoriano destacó a justo título el papel de los movimientos indígenas y campesinos en su país. Pero relegó totalmente al movimiento sindical y a los partidos, diciendo que en América la izquierda no se había recuperado desde la caída del muro. Sin embargo, ya en 1990 se constituía el Foro de San Pablo agrupando a la izquierda continental, que no renunciaba a las opciones de la más profunda democracia y del socialismo.Y hoy partidos integrantes del FSP son firme respaldo del próximo Foro Social Mundial de Porto Alegre.

En Ginebra, hubo varias manifestaciones simultáneas. Unas organizaciones marchaban por un lado, otras por otro. Era visible que varios movimientos sociales veían con malos ojos la participación de los partidos. En Praga, fue notoria la ausencia del movimiento sindical. En cambio en Niza, donde también se registraron manifestaciones diferentes, los trabajadores organizados marcaron una fuerte presencia, reeditando su gran concentración en Amsterdam, a mediados de 1997, con participantes venidos de toda Europa en reclamo de medidas contra la desocupación.

Esa tensión (para muchos, una auténtica falsa oposición) entre lo social y lo político, estuvo presente en el Encuentro. Christophe Aguiton, de Attac, se refirió en ese sentido a la necesidad de estrechar los lazos entre lo antiguo y lo nuevo, mientras que Ricardo Petrella, presidente de Los Amigos de Le Monde Diplomatique, habló de una «reinvención de lo político» para ponerlo a tono con las nuevas circunstancias y acompasarse con los actores sociales, principalmente los emergentes.

 

Los afluentes y el cauce común

Ganó terreno la idea de buscar la convergencia de los movimientos sociales y políticos en acciones comunes concertadas, sobre la base de la independencia de cada movimiento y el respeto recíproco a sus autonomías. Esto no excluye el intercambio de opiniones, franco y respetuoso, entre los diversos actores; el debate de ideas civilizado y exento de agravios, haciendo pesar exclusivamente los argumentos, a fin de alcanzar acuerdos y formas de coordinación que fortalezcan las acciones colectivas y faciliten la elaboración de propuestas.

Las grandes jornadas mundiales ofrecen un ámbito adecuado para esas mesas redondas, en un clima de apertura democrática, sin hegemonismos. Se tiende así a la conformación de un movimiento plural en vasta escala que a la vez hace confluir sus diversos afluentes en un cauce común, expresión de unidad en la diversidad, para parar los golpes del enemigo y hacer surgir del seno del movimiento las soluciones alternativas y las formas de lucha que permitan plasmarlas en la realidad.

 

Una nueva conciencia

Un debate a escala mundial sobre los temas fundamentales permitirá sin duda aflorar una nueva conciencia colectiva. La lucha contra el neoliberalismo, además de política y económica, se libra también en el plano ideológico. En La Villette se expresaron opiniones en favor de la regulación y /o humanización el capitalismo, y también otras que promovían directamente su superación y su sustitución por una sociedad de otro tipo que muchos llaman socialismo. Esto se sitúa en el corazón del debate actual. Como dijo Saramago en la incursión poética que figura en el acápite, «este mundo no sirve; que venga otro».

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