MULTILATERALISMO Y REALISMO
Sin embargo, eso no significa que la Casa Blanca preste mayor atención a América Latina, reconoció el doctor Howard J. Wiarda, catedrático y profesor de relaciones internacionales de la Universidad de Georgia, y uno de los cinco especialistas más importantes de EEUU.
En opinión de Wiarda, Washington tendrá puesta la atención en los próximos años en China, India, Europa del Este y el Golfo Pérsico, entre otras regiones, pero no en América Latina. Claro está, salvo que se desataran situaciones fuera de las previsiones y tendencias que hoy se vislumbran.
Para el experto, Latinoamérica perdió mucho tiempo y desaprovechó las oportunidades que le extendió EEUU.
No avanzó en un mundo globalizado y plano, en donde todos tienen las mismas posibilidades, mientras que, otras naciones fuera del continente han superado a la región en sus índices económicos, educativos y tecnológicos, pese a que partieron de condiciones más desfavorables.
Sin embargo, viejas amenazas como el narcotráfico, el lavado de dinero, las guerrillas, las maras en Centroamérica, la inmigración ilegal, entre otros flagelos, continuarán en la agenda de la Casa Blanca en su relación con la región.
La política hacia América Latina, en líneas generales, más allá de algunos cambios, tendrá continuidad y no estará entre las prioridades. Para la Casa Blanca, Cuba está realizando cambios tácticos, inclinándose hacia el modelo chino o vietnamita, por lo que continuará trabajando para una transición democrática en la isla.
La política de Washington tendrá como objetivo contener a Chávez, respaldar a Uribe y aceptar el liderazgo natural de Brasil en América del Sur, más allá de las diferencias sobre las fronteras flexibles, además de tener una muy buena relación con Chile, cuyo modelo es destacado por los académicos estadounidenses, como uno de los que mayor partido le sacado a la relación con Washington tras la firma de un TLC. Pese al rechazo interno y en la región, a los tratados de libre comercio, la Casa Blanca trabajará puntualmente con cada país, para profundizar el libre intercambio económico y alentar reformas de fondo, así como los biocombustibles.
El nuevo presidente enfrentará fuera de la región una agenda internacional intrincada y ardua.
La política exterior del presidente Bush en Oriente Medio no ha sido la más exitosa.
El balance de la ocupación de Irak, tanto en términos estratégicos y económicos como humanitarios, es desfavorable. Lo reconocen los principales analistas y algunos jefes militares estadounidenses, y queda de manifiesto en los discursos de Hillary Clinton, Barack Obama y John McCain.
Más allá de las afirmaciones de los candidatos presidenciales y el debate en proceso en los niveles más altos del establishment, incluida la reestructura del Departamento de Estado, que pondrá su acento en los diplomáticos de carrera, se pueden esbozar algunos lineamientos de la futura política exterior.
Habrá un menor énfasis en las soluciones militares, un retorno a la diplomacia y un mayor esfuerzo para acordarlas con los países aliados, dejando de lado el unilateralismo que prevaleció durante la presidencia de Bush.
EEUU retirará sus tropas de Irak, convencidos de que no pueden imponer una solución militar a la guerra civil que se desató después de la caída de Saddam.
Sin embargo, mantendrán una presencia militar en lugares estratégicos de ese país árabe, teniendo en cuenta la creciente influencia del régimen fundamentalista de Irán en la región.
El retiro de las tropas ocurrirá en el marco de un ambicioso esfuerzo diplomático para conseguir que los principales países de la región, entre ellos a Arabia Saudita, Irán, Siria, Turquía y Rusia, contribuyan a estabilizar la situación en el marco de un Irak profundamente dividido entre sunnitas, chiitas y kurdos, involucrando en este proceso a Naciones Unidas.
La llamada guerra contra el terror se profundizará, pero se minimizará la dimensión militar, otorgándole mayor importancia al trabajo policial, a los servicios de inteligencia y a los controles en la frontera.
La nueva administración tendrá que redefinir los lineamientos de la política exterior, corregir errores y restablecer, a partir de bases más realistas, la posición internacional de EEUU.
Pese a los nuevos desafíos, EEUU seguirá siendo la principal potencia mundial por su relevancia estratégica, su preeminencia económica, su poderío militar, su liderazgo en los campos científicos y tecnológicos, y por el desarrollo de sus instituciones democráticas.
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