Agropecuarios. Le reclaman la eliminación del aumento de las retenciones

Riesgoso debut para nuevo ministro de Argentina

El flamante ministro de Economía de Argentina, Carlos Fernández, intentará a partir del lunes destrabar el conflicto con los productores rurales, que comenzaron a dividirse entre los «dialoguistas» que pretenden extender la tregua con el gobierno y los dirigentes de base que insisten con reanudar a partir del viernes el lockout patronal.

La asunción de Fernández, un técnico de perfil bajo, permite al gobierno argentino volver a convocar a las cámaras patronales agrícolas a la mesa de negociaciones, desde la novedad de que los espera un nuevo funcionario con un nuevo repertorio.

Las cámaras agropecuarias reclaman la eliminación del aumento a las exportaciones (retenciones) de soja y girasol que adoptó el ex ministro Martín Lousteau el 10 de marzo y desencadenó un lockout patronal de 21 días.

La presunta voluntad de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner de ceder en algunos de los reclamos de los productores para evitar un nuevo paro, choca contra la intransigencia de su marido, el ex mandatario Néstor Kirchner, reconocieron voceros oficiales.

El ex presidente pronunció durante la semana discursos virulentos contra los productores agrícolas a los que acusó de provocar la inflación, de desabastecer de alimentos, de perjudicar a los sectores carenciados y, finalmente, de mezquinos e ingratos.

Los discursos de Kirchner se contradicen con el supuesto afán negociador del equipo de colaboradores de su esposa y con las expectativas que genera el nuevo ministro de Economía, ya que encrespan a los dirigentes agropecuarios de base que quieren retomar ya las medidas de protesta.

El nuevo ministro de Economía podría sufrir un rápido desgaste si fracasa en su negociación con los productores y a partir del viernes vuelven los cortes de rutas (piquetes) y el desabastecimiento.

Pero, de superar el primer escollo, le espera la «madre de todas las batallas» como es el control inflacionario del país, que está arrojando a miles de familias por debajo de la línea de pobreza, en su incontrolable espiral de precios.

Las mediciones privadas indican que la inflación podrá ascender a 30 por ciento durante 2008, muy por encima de la «inflación oficial» del instituto Nacional de Estadísticas y Censos que, intervenido por el gobierno, ha quedado totalmente desacreditado en sus informes.

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