Vida y pasión bajo la toga negra de la Justicia
Nueva York, ANSA
Un hijo de Antonin Scalia, por ejemplo, el juez ítalo-norteamericano que dirige la cruzada de los conservadores en contra de Al Gore, es socio en el estudio legal de Ted Olson, el príncipe del foro que representa a George Bush.
Al mismo tiempo, la mujer del taciturno Clarence Thomas, el «togado» negro nombrado por George Bush padre, trabaja en la Heritage Foundation y en estos días prepara febrilmente los antecedentes de los aspirantes a funcionarios en una aún no designada administración republicana,
Los casos de Eugene Scalia y Virginia Thomas hicieron gritar a los demócratas por conflictos de intereses: los seguidores de Gore pidieron a los dos jueces que se abstuvieran de participar en el caso «Bush contra Gore» porque están «interesados en el éxito de la parte que a aquél le es adversa».
Pero la polémica no fue la única que afectó a la Corte en el incandescente escenario de este diciembre poselectoral.
¿No fue acaso William Rehnquist, el juez jefe que usa una toga por él diseñada, quien dijo que finalmente se jubilará una vez que Bush fuera electo?
Pero antes de ahora los nueve de la Corte Suprema se vieron también directamente involucrados en la elección del hombre que determinará quiénes serán sus colegas y sucesores, y raramente se mostraron tan heridos por una cuestión de semejante potencial explosivo.
Las palabras de los jueces fueron analizadas para tratar de encontrar en ellas signos de parcialidad, como cuando los progresistas Stephen Breyers, John Paul Stevens y David Souter trataron de mediar entre los abogados sobre una norma común para la revisión de las boletas, un intento de mantener vivas las esperanzas de Gore con el compromiso de un nuevo recuento acordado.
O como cuando Scalia acudió en socorro de Olson, el socio de su hijo, y se produjo la sensación de que ingresó también él en el equipo de abogados republicanos. Los jueces de centro-derecha (Scalia, Rehnquist, Thomas, Anthony Kennedy y Sandra O’Connor) se mostraron inclinados a garantizar la presidencia a un republicano de centro-derecha, en tanto los nombrados por Bill Clinton (Ruth Ginsburg y Stephen Breyer), junto a dos republicanos (Stevens y Souter) hablaron en favor de Gore.
En las palabras de Lucas Powe, un constitucionalista de la Universidad de Texas, el caso «Bush contra Gore» se transformó en «los verdaderos republicanos en contra del resto de la Corte».
Si fuese verdaderamente así, sería peligroso.
Cuando los jueces están encerrados en la Cámara del Consejo, está en juego sólo el futuro de la Casa Blanca, pero ahora está también en juego la dirección y la reputación de la Corte y su impacto sobre la sociedad norteamericana.
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