Partidarios de Gore y de Bush defienden sus posiciones

Manifestaciones frente a la Corte

Washington, AFP

Sin embargo, a pesar de la rivalidad, cada bando se expresó sin choques, a veces sonriendo, expresando su fe en la democracia estadounidense.

«Cuenten cada voto» en Florida, pidieron con fuerza los partidarios del candidato demócrata.

Los simpatizantes del postulante republicano, más confiados, replicaron instando a Gore a no ser mal perdedor: «un hombre honorable debe admitir su derrota», señala una pancarta. Otra acusa a Gore de «robar la elección».

Algunos demócratas, con la decepción a flor de piel, apuntan contra la mayoría conservadora de la más alta instancia judicial del país, que analiza un recurso presentado por Bush contra un mandato de la Corte Suprema de Florida (sudeste) que autorizó un conteo manual de votos que no habían sido tomados en cuenta en ese Estado.

Pero esa decisión fue suspendida el sábado por cinco jueces de la Corte Suprema federal, entre ellos el conservador Antonin Scalia, contra cuatro que se pronunciaron a favor.

«No al grupo de los cinco», «Jueces, seguid vuestra conciencia y no a Scalia», afirman las consignas de los partidarios de Al Gore. Muchos llevan un pañuelo naranja en señal de protesta: para los demócratas, es un símbolo de la demanda de que todos los votos emitidos sean contabilizados en Florida, estado donde se cultivan las naranjas. «Es una vergüenza para Estados Unidos y para el mundo», dijo un septuagenario hombre de negocios de California, Robert McDonnough. «Los propios republicanos saben que Bush es un peso pluma intelectual», afirmó.

Darrin LaSorte, un republicano de 30 años, que se desempeña como escribano en Virginia, no está impresionado por el número de manifestantes demócratas: «Los traen en bus los sindicatos o son pagados». «Se contó, se volvió a contar (votos), Bush ganó, terminemos limpiamente», concluyó.

Un demócrata pregunta: «¿Tienen miedo de la voluntad del pueblo, del recuento? Sin embargo si Bush gana, lo aceptaremos como presidente».

Un papá Noel republicano pasa con un panel en donde se lee «Go, Go Gore must Go» (Gore debe partir).

Al costado del edificio del alto tribunal –un templo griego de mármol blanco– sesenta personas recibieron su recompensa tras una noche de espera bajo el frío: podrán asistir a los debates históricos.

Entre ellas, Chris Varras, un estudiante de derecho de Chicago, que viajó 13 horas por la ruta, se encontraba furioso porque un periodista de televisión le pagó a alguien para reservarle un lugar. «Eso está prohibido, (el lugar) es para el público», aseveró.

Unas cien personas podrán asistir por turnos de tres minutos a la audiencia, desde la parte trasera de la sala.

A pesar de las pasiones, sólo unas decenas de policías observan la guerra verbal.

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