De Niza a Porto Alegre: la contraofensiva antineoliberal
Por Niko Schvartz
«No se puede aceptar lo habitual como si fuera natural; nada debe parecernos imposible de cambiar». – Bertolt Brecht
En Niza pasó de todo. Los representantes de los 15 de la UE discutían en el Acrópolis una Carta de Derechos comunitaria, extensiva a diez países de Europa oriental que pugnan por ingresar, más algunos otros como Chipre. Mientras los cuatro grandes, hasta ayer mismo, se peleaban a dentelladas por el número de votos de cada uno (y se unían para dejar en la estacada a los países pequeños), en las calles se desarrollaba una manifestación multitudinaria convocada por la Confederación de Sindicatos Europeos, que pugnaban por la introducción en la Carta de políticas sociales para enfrentar el desempleo. La participación del movimiento sindical fue un rasgo definitorio de estas jornadas. Desfilaron asimismo la combativa Confédération Paysanne francesa (la de José Bové, que protagonizó los episodios de Millau ) y numerosas entidades sociales y ONGs, tuvieron lugar acciones violentas como el incendio a un banco y varios enfrentamientos con las fuerzas policiales, desarrollándose a la vez foros y mesas redondas sobre los temas de la globalización. En la elegante ciudad balnearia de la Costa Azul nunca se había visto tanta gente concentrada, de procedencia múltiple.
Formas nuevas, geografías múltiples
Se destaca así la extensión y profundización de un movimiento mundial ascendente, dotado de dos características básicas.
Una es su carácter verdaderamente internacional. Las demostraciones de los agrupamientos sociales y políticos más diversos, los nuevos y los veteranos, van abarcando literalmente toda la geografía del planeta. Los participantes, cualquiera sea su país de origen, sienten y hacen sentir a todos que el mundo es verdaderamente uno y uno solo. Para recordar los hechos más recientes, después del punto de viraje de Seattle vino Washington, el eje se desplazó luego de América del Norte a Europa del este con Praga, y a Europa del oeste con Davos, Ginebra, Millau, ahora Niza, así como al Asia con Bagkok y otros (Singapur, etc.) cuyos ecos llegan aquí muy atenuados. Y desde enero próximo aparecerá América Latina en el proscenio. Por millones hacemos un curso acelerado de geografía planetaria, ninguna región de la tierra nos resulta extraña.
Un espacio público internacional alternativo
Por otra parte, resalta su carácter masivo (en buena medida facilitado por el acceso a Internet), su notoria combatividad, su imaginación, su espíritu creativo, capaz de mirar la realidad sin anteojeras. Ha ido naciendo otra concepción de lo posible, como señalara en La Villette la destacada publicista Susan George, quien llamó a rechazar el derrotismo, reverdeció la consigna del 68 («seamos realistas, pidamos lo imposible») y completó el lema de Attac diciendo que otro mundo no sólo es posible sino además indispensable, cuando 358 millonarios poseen bienes equivalentes a los del 45% de la población mundial.
Estas nuevas demostraciones multiformes que surcan el mundo en todas direcciones exhiben la energía latente de diversos sectores de la sociedad, antes en gran medida soterradas. Refutan a quienes dan como ineluctable la desmovilización y falta de participación ciudadana (no se olvide que el lema de La Villette era: «Por una construcción ciudadana del mundo»), cuando en verdad están naciendo formas distintas de participación social y entran en liza otros actores, conformándose lo que ya puede llamarse en su conjunto un espacio público internacional alternativo.
Resultados concretos
Yves Salesse, presidente de la Fundación Copernic, afirmó que algo comenzó a cambiar, que las posibilidades de actuar se han ampliado y que, sin caer en un vano triunfalismo, podían apreciarse ya resultados concretos de la movilización mundial. En el debate se expusieron varios ejemplos.
Los más importantes son el rechazo del Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI), en lo cual jugó un papel importante Lionel Jospín, y el fracaso del lanzamiento de las negociaciones del «Millenium Round» que se proponía la OMC en Seattle. Cabe señalar que el presidente de la Organización Mundial del Comercio, el neozelandés Michael Moore, acaba de declarar en Brasil, resollando por la herida, que «la OMC es una organización muy mal comprendida, en muchas ocasiones y en muchas partes del mundo», cuando en realidad existe plena conciencia de su papel funesto en la imposición de la receta neoliberal a ultranza, junto al FMI y al Banco Mundial.
Otro ejemplo es lo sucedido en Praga, ya que el FMI y el BM debieron levantar antes de tiempo su reunión conjunta porque se vieron cercados literalmente por la ola de repulsa de los movimientos populares. En relación a la tasa Tobin, los voceros de Attac en la reunión destacaron que se avanzó en forma apreciable en el reconocimiento de que su implantación es factible, beneficiosa y justa para la economía de los países. El Parlamento belga acaba de emitir un pronunciamiento positivo al respecto.
Como dijo Francette Lazard, de Espaces Marx, estos organismos, acostumbrados a hacer y deshacer en escala planetaria, ya no pueden reunirse como en el Olimpo. Y Eric Toussaint, del movimiento por la anulación de la deuda externa de los países pobres, aportó vivos testimonios de que las autoridades comuniarias europeas con sede en Bruselas recelan de un movimiento social que no les da un minuto de respiro y fija sus posiciones sobre los grandes temas del futuro de las naciones.
La urdimbre y la trama
A ello aludió también Daniel Bensaïd, señalando que en todas partes soplan los vientos de la resistencia, y que se está tejiendo una nueva tela mediante la convergencia de los distintos movimientos para luchar contra la privatización del mundo, de los servicios, de la enseñanza, de la moneda, de la sustancia viva, del embrión, del comportamiento genético de poblaciones enteras. En esta brega se alistan los nuevos artesanos del internacionalismo del siglo XXI. Veremos en la próxima nota la urdimbre y la trama de este proceso.
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