LA POLARIZACION ITALIANA
Por primera vez desde el nacimiento de la República Italiana, los comunistas como tales, los socialistas y los verdes quedan fuera del Parlamento. Además de los cuatro partidos citados, solamente tendrá representación parlamentaria la Unión del Centro (UDC), que agrupa los restos de la otrora poderosa Democracia Cristiana y algunas pequeñas formaciones regionales de Trentino-Alto Adagio y del Valle de Aosta. La Riffondazzione Comunista de Fausto Bertinotti (que era el presidente de la Cámara de Diputados) quedó al margen del plano legislativo, y con ella un conjunto de pequeñas formaciones de izquierda que sostenían al gobierno de Romano Prodi. Esto último se denominó la «masacre de las nanetti» (pequeñas enanas).
El Pueblo de la Libertad (PDL) es el primer partido en la Cámara de Diputados, con 37,4% de los votos. Allí se conjuntan el partido original de Berlusconi, Forza Italia, con su principal aliado, la neofascista Alianza Nacional (AN) de Gianfranco Fini. De hecho forman un único partido, y AN será premiada con la presidencia de la Cámara de Diputados. El PDL se unió con la secesionista Liga del Norte de Umberto Bossi, que elevó su caudal electoral de 4,5% a 8,3% de los votos y extendió su influencia más allá del Piemonte. Con el apoyo de un pequeño partido autonomista del sur (MPA) la coalición de derecha obtiene 46,8% de los sufragios y en total 340 diputados, contra 37,6% y 239 diputados del centroizquierda, que corresponden en 33,2% al Partido Democrático y 4,4% al IDV de Di Pietro. La Unión del Centro (UDC) con 5,6% de los votos logra 36 diputados.
El cuadro se reproduce en el Senado, donde habrá 168 senadores de la derecha contra 130 del centroizquierda y solamente 3 de la UDC. El PDL llega en primer lugar con 38,2% y 141 bancas, la Liga del Norte tiene 8,1% y 25 bancas (casi el doble de su anterior representación). En algunos de sus feudos en el nordeste de Italia, este partido logró hasta el 35% de los votos. En el campo opuesto el PD con 33,7% de los votos alcanza 116 senadores y la IDV 14.
Dice un comentarista: «La verdadera sorpresa de estas elecciones no es el retorno de Silvio Berlusconi, ampliamente anunciado por las encuestas desde la caída del gobierno Prodi el 24 de enero. La novedad consiste en la metamorfosis del paisaje político. Solamente cinco partidos de gravitación nacional estarán representados en el próximo Parlamento, contra una treintena en la legislatura que acaba de clausurarse».
Este será el tercer gobierno de Berlusconi.
Fundó Forza Italia en 1993, ganó las elecciones parlamentarias el año siguiente en alianza con los partidos de Fini y de Bossi y fue destronado en 1996 por la coalición de centroizquierda El Olivo liderada por el ex democristiano Romano Prodi (que pasó a desempeñarse como primer ministro) y apoyado por el PDS (Partido Democrático de Izquierda, constituido sobre la base del antiguo Partido Comunista Italiano, PCI). En junio 2001 Berlusconi volvió a la jefatura de gobierno que duró hasta 2006, en que su gobierno fue derribado por una amplia coalición de centroizquierda encabezada otra vez por Romano Prodi. Éste presentó renuncia a comienzos de este año porque disensiones entre sectores de izquierda que lo respaldaban habían hecho cambiar de signo su frágil mayoría parlamentaria.
Las primeras declaraciones de Berlusconi fueron a favor del federalismo, una consigna levantada por la Liga del Norte, de tendencia secesionista y que se considera en condiciones de marcarle pautas al nuevo gobierno porque se situó en el fiel de la balanza.
Veltroni señaló que el gobierno se verá condicionado por este aliado, que además propugna una política represiva contra la inmigración. Los otros temas evocados fueron la privatización de Alitalia, la crisis de la basura en Nápoles, así como las reformas (regresivas) de la escuela y de la salud, interrumpidas en 2006 por la llegada del centroizquierda al gobierno.
Le Monde opina que «el gobierno Prodi atacó con coraje los grandes temas nacionales tras cinco años de gestión calamitosa del centroderecha.
Pero despertó los corporativismos, chocó con sus aliados comunistas y se alienó los pequeños partidos bisagra de los cuales dependía su sobrevida. El tema de la basura en Nápoles, del cual no era responsable, ilustró la impotencia del Estado».
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