Dramática advertencia de las Naciones Unidas

En Colombia se acaba el tiempo para la paz

Bogotá, Reuters

El presidente Andrés Pastrana, quien inició hace dos años conversaciones de paz con guerrilleros izquierdistas, extendió el miércoles un decreto que cede control a los rebeldes de una vasta área en el sudeste del país, pero bajo condiciones más estrictas.

La zona, que tiene dos veces el tamaño de El Salvador, ha sido el escenario de lentas conversaciones de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el grupo rebelde más antiguo y poderoso del hemisferio, con 17.000 combatientes.

Pero las conversaciones, que buscan poner fin a un brutal conflicto en el que han muerto unos 35.000 civiles desde 1998, están estancadas y es cada vez mayor el número de colombianos –entre ellos altos miembros del ejército y los poderosos grupos empresariales– que piden a gritos una mano más firme contra las FARC.

«Estamos ahora en un tiempo histórico para Colombia. No quiero subestimar lo que puede venir si no logramos hacer todo lo posible para seguir adelante con el proceso de paz. Evitemos la guerra que podría ser muy cruel y que podría venir muy pronto», dijo Jan Egeland, enviado especial del secretariado general de la ONU.

Egeland, de 43 años, hizo sus comentarios el viernes durante una entrevista con Reuters y el principal diario de Colombia, El Tiempo.

Egeland, quien ha participado en procesos de paz en Oriente Medio, la ex Yugoslavia, Burundi y Centroamérica, fue nombrado hace un año enviado especial del secretario general de la ONU, Kofi Annan, para buscar la paz en Colombia, un país que según declaraciones recientes de un alto funcionario militar de Estados Unidos es el más peligroso del mundo.

El enfrentamiento armado de tres décadas que libran guerrilleros, grupos paramilitares de ultraderecha y fuerzas de seguridad del Estado ha provocado el desplazamiento interno de casi dos millones de personas en los últimos cinco años.

«Proceso imperfecto mejor que guerra perfecta»

Pero Egeland, un ex secretario del Ministerio de Relaciones Exteriores de Noruega, dijo ser consciente del arduo trabajo que le espera. En el último año, la guerrilla y sus principales enemigos los paramilitares han escalado sus ataques, destruyendo pueblos enteros con primitivas bombas de gas caseras, masacrando campesinos al amanecer tras sacarlos de sus casas y secuestrando a civiles.

Al extender el «despeje» por sólo 55 días más, Pastrana busca presionar a las FARC, un ejército creado en los años 60 y compuesto en su mayoría por campesinos, para que retornen a unas negociaciones que los rebeldes «congelaron» el pasado 14 de noviembre.

La confianza de los colombianos en las negociaciones se encuentra en sus niveles más bajos desde que éstas empezaron en noviembre de 1998 y crecen las voces en el ejército y en los gremios empresariales pidiendo a Pastrana que aplaste a los rebeldes, a quienes tachan de «bandidos» o de «terroristas».

En medio de la creciente desilusión, los escuadrones paramilitares, creados en los años de 1960 como autodefensas contra la guerrilla, han aumentado a 8.000 miembros en todo el país y grupos de derechos humanos nacionales e internacionales dicen que cuentan con el apoyo del ejército.

«Hay enemigos muy fuertes de la paz en este país. Los enemigos de la paz son cada vez más y más fuertes y los amigos del proceso de paz somos cada vez más débiles», dijo Egeland. «El proceso tiene muchos problemas y ha producido poco, pero es mejor un proceso imperfecto que una guerra perfecta».

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