OPINION INTERNACIONAL

LA REUNI0N DE CANCILLERES

Es que en ambas reuniones quedó demostrado con total nitidez, que con los ataques del 1º y 2 de marzo, Colombia violó la soberanía y la integridad territorial de Ecuador, tal como está formulado, sin equívocos, tanto en el texto de la resolución de la OEA (como lo vimos en nuestra nota con ese título del día 7) como en «La declaración de Santo Domingo» (nota del día 10). Ello entraña la violación flagrante de la Carta de la OEA en sus artículos 19, 21 y 28, así como de la Carta de Naciones Unidas. La doctrina de la «guerra preventiva» (o «guerra infinita» de Bush) a la que apeló Uribe, fue derrotada sin levante. Cuando en Santo Domingo pretendió deslizar el concepto de que el principio de seguridad de los pueblos debía equipararse, o sobreponerse, al de la intangibilidad de la soberanía, se alzaron contra él las voces de todos los participantes, sin ninguna excepción. Se vio obligado entonces a reconocer su error, a pedir excusas, a prometer que esos actos ilegales no se repetirían, y fue a darle la mano a uno por uno de sus contendores: los presidentes Correa, Chávez y Ortega.

Un comentarista señaló «el triste papel de Uribe como mandadero de EEUU, acorralado hasta la humillación, recorriendo el salón y saludando a cada uno de los principales contendientes. No fue un gesto de caballero, fue la rendición de un individuo que contrastaba con la tremenda dignidad que irradiaban Correa, Evo Morales, Chávez, Daniel Ortega. Colombia quedó sola. En realidad quedó huérfano de apoyo el deseo divisionista de EEUU y su deseo de aislar a Venezuela, Ecuador y Bolivia».

Esto es lo que ocurrió en Santo Domingo, donde el presidente dominicano Leonel Fernández desempeñó un destacado papel en la búsqueda de una solución de consenso, que se logró. No ocurrió en la OEA, donde Uribe contó con el apoyo exclusivo de un ignoto delegado de los EEUU, que justificó la invasión a Ecuador sobre la base de la «lucha antiterrorista». Es que la mano de EEUU está en todos los aspectos de la agresión del 1º de marzo: los aviones y helicópteros que invadieron profundamente el territorio ecuatoriano estaban provistos de tecnología de punta suministrada por EEUU, que está presente en Colombia con misiones de sus fuerzas armadas, bases militares como la de Tres Esquinas, agentes de espionaje (entre ellos los tres que cayeron en manos de las FARC mientras actuaban junto al ejército colombiano) y mercenarios de diversa laya, todo ello en los marcos del Plan Colombia que es una ley federal de EEUU.

En los comentarios múltiples sobre estas dos reuniones, se fue abriendo camino la idea de conformar un organismo interamericano sin la presencia de EEUU. Quedó claro, en el contraste entre Washington y Santo Domingo, que los países latinoamericanos y caribeños pueden entenderse entre sí, sin la injerencia de la potencia imperial. Esta concepción puede extenderse incluso al ámbito de la defensa, situándola totalmente al margen de los organismos norteamericanos de esa naturaleza, que han desempeñado un papel nefasto en el continente.

También se habló de la conveniencia de constituir un Grupo de Amigos de Colombia, idóneo para coadyuvar al proceso de paz en el país y la región. A ello alude Emir Sader en un artículo sugestivamente titulado «El mandato de sangre de Uribe». Podrían integrarlo gobiernos como los de Brasil, Argentina, Nicaragua, Francia y otros, que han demostrado una real vocación de paz.

Éste es el fondo de la cuestión, y también el que subyace en la reunión de los cancilleres de la OEA. Con el asesinato de Raúl Reyes se quiso poner fin a las tratativas de paz que éste tenía en sus manos, y que ya había logrado ­con la eficaz mediación de Chávez y Piedad Córdoba­0 la liberación de dos tandas de rehenes. La muerte de Reyes se produce cuando estaban a punto de culminar las gestiones, en las que participaban tres emisarios directos del presidente Sarkozy, para liberar a Ingrid Betancourt y otros rehenes y abrir paso al intercambio humanitario.

Con su acción agresiva, Uribe logró sacar este proceso de sus carriles. Resta ver si los cancilleres logran colocarlo en su cauce y dotar de un nuevo impulso al afán de paz que anima a la sociedad colombiana y a toda América Latina. Veremos también si el informe de la Comisión Especial contribuye a este propósito. Ya hay demasiada sangre derramada.

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