Cinco años. 60% de estadounidenses dicen que la guerra es un error

Irak: las FFAA de EEUU están agotadas

Un sondeo de una amplitud inédita, realizado por la revista Foreign Policy y el centro de estudios Center for a New American Security entre 3.400 oficiales en actividad y retirados, da cuenta de las profundas preocupaciones en el seno de la jerarquía militar estadounidense.

Según esa investigación publicada en marzo, 60% de los oficiales opinan que las Fuerzas Armadas estadounidenses son ahora más débiles que hace cinco años.

El 88% señala que la guerra en Irak, que le ha costado la vida a unos 4.000 soldados estadounidenses, le está poniendo a las Fuerzas Armadas unos «límites peligrosos».

Según 80% de los entrevistados «no sería razonable» pensar que en el estado actual las Fuerzas Armadas, muy exigidas en Irak y Afganistán, se podrían involucrar en otra guerra.

Conscientes del problema, los más altos grados del Ejército reclaman con vigor desde hace semanas un alivio del «estrés» que padecen las tropas y el rápido retorno a una rotación anual en Irak. El Pentágono llevó hace un año esa rotación a un período de 15 meses.

El aumento de la violencia en Afganistán determinará el refuerzo de las tropas en ese país, que para el verano boreal llegarán a 32.000 soldados en total.

«Los efectos acumulados de más de seis años de guerra (en Afganistán y luego en Irak) desequilibraron a nuestro Ejército» y «limitado su capacidad de preparación para otras misiones», declaró a fines de febrero su jefe del estado mayor, general George Casey, durante una audiencia en el Senado.

Este jefe militar espera que la reducción del número de soldados en Irak, que se supone que caerá de 157.000 a 140.000 este verano, permitirá finalmente un retorno a la normalidad, aunque Washington resuelva luego no realizar más reducciones.

Simultáneamente, las Fuerzas Armadas esperan «tener más tiempo de recuperación entre dos repliegues», declaró este mes el general Raymond Odierno, jefe del estado mayor adjunto designado por el Ejército, con el fin de permitir que los soldados pasen dos años en casa (en lugar de uno) entre dos despliegues de doce meses cada uno. Según los militares estadounidenses, los desafíos son muchos: facilitar la capacidad de reacción de las Fuerzas Armadas pero también restaurar el poder de atracción de una profesión cuya imagen se deterioró por un conflicto impopular. El 60% de los estadounidenses opina que la guerra en Irak fue un error, según un sondeo realizado entre 2.021 personas publicado el jueves por el diario USA Today.

En ese contexto, el reclutamiento se hizo problemático, hasta el punto de que las Fuerzas Armadas estadounidenses no dudan en otorgar centenares de millones de dólares en incentivos para atraer sangre nueva a sus filas y conservar a sus mejores soldados.

El comando militar también redujo sus exigencias en materia de escolarización y otorga «dispensas morales» a los ex delincuentes.

Pero los reclutadores siguen teniendo una tarea muy dura en estos tiempos en Estados Unidos.

La apertura de una oficina de reclutamiento militar en la muy progresista ciudad californiana de Berkeley (oeste), cerca de San Francisco, provocó la reacción epidérmica del consejo municipal, que emitió un comunicado en el que califica a los recién llegados de «intrusos que no fueron invitados ni son bienvenidos», y autoriza las manifestaciones anti-guerra frente a su sede.

Hace pocos días, el centro de reclutamiento militar de Times Square, en Nueva York, fue blanco de un pequeño atentado con explosivos.

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