Se acabó la "Foxifiesta" y llegó la hora de gobernar
Una vez que se apagaron los fuegos artificiales y acabaron los festejos de su asunción, el presidente de México Vicente Fox comenzó ayer el duro desafío de gobernar a este país y a barajar las amargas medidas económicas que tomará para enfrentar los problemas.
Cuando aún se perciben los ecos de las celebraciones en diversas ciudades del país, por el fin de 71 años del monopolio del Partido Revolucionario Institucional (PRI), empezaron a asomar de nueva cuenta los problemas más urgentes del país derivados de los fuertes compromisos dejados por el gobierno anterior.
La primera medida que se comenzó a manejar después de la «Foxifiesta» –como la bautizó la prensa– fue una reforma tributaria que en términos llanos significa que habrá un aumento de impuestos para todos.
Para empezar, fuentes cercanas al gobierno hablan ya de que subirá el Impuesto al Valor Agregado del 15 al 18 por ciento y eliminar la «tasa cero» a alimentos y medicinas, lo que hace temer fuertes resistencias en el Congreso en la oposición del PRI y la izquierda.
El problema para Fox es que recibió una pesada herencia de su antecesor Ernesto Zedillo, que compromete el 87 por ciento del presupuesto anual, que se debe dedicar al pago de cuantioso rescate bancario, de carreteras y del costoso sistema de seguridad social.
Con el 13 por ciento restante, Fox deberá cumplir todas sus promesas de campaña, que se engloban en la promesa de cumplir el «viejo anhelo de moderar opulencia e indigencia» y acabar con las «islas de riqueza rodeadas por mares de miseria».
Fox argumenta, para justificar la cascada de aumentos de impuestos que amenazan con reducir su alta popularidad, que México tiene uno de los ingresos fiscales más bajos del mundo.
«Tenemos que hacer crecer el pastel y asegurarnos que a todo mundo, absolutamente, le toque su rebanada», señaló Fox en su último día de celebraciones, ante un grupo de campesinos y usando el lenguaje típico del ranchero, que domina como agricultor que es.
Una de las principales promesas de Fox es mantener «la estabilidad macroeconómica» pero haciendo que ésta se refleje «en los bolsillos» de la gente, algo que ciertos especialistas consideran difícil de conciliar. En plena resaca tras las fiestas por la transmisión del mando gubernamental, que duraron tres días, la idea de Fox de que cada mexicano se convierta en un «microempresario», y cuente con un»changarro», que en el lenguaje popular significa «pequeño negocio», suscita todavía muchas dudas.
La ministra de Desarrollo Social, Josefina Vázquez Mota, matizó esta promesa de Fox al indicar que convertir a todos los pobres en pequeños empresarios «es un anhelo», pero se preguntó «¿dónde quedarían los poetas, los filósofos, los pensadores y los músicos?».
Con un escaso margen de maniobra, el nuevo gobierno de Fox deberá «amarrarse el cinturón» y aplicar recortes en todas las dependencias del Estado para cumplir su compromiso de una reducción del 1 al 0,5 por ciento en el déficit público, un crecimiento económico del 4 al 4,5 por ciento y una inflación anual del 7 por ciento.
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