Clinton, Obama y McCain. Demócratas y republicanos opinan sobre los conflictos pendientes

Tres candidatos y tres visiones de la política exterior de EEUU

La aspirante a la Casa Blanca Hillary Clinton criticó las posturas de su rival en la interna demócrata, Barack Obama, en materia de política exterior, durante un reciente discurso en Washington.

Clinton, que lucha por recuperar la mística de su campaña ante el ascendente Obama, quien la derrotó en las últimas elecciones primarias de cara a la investidura presidencial demócrata, se esforzó por mostrar que está lista para ocuparse de los asuntos de política exterior de su país, en detrimento de su contrincante.

«El pueblo estadounidense no necesita adivinar si entiendo los temas, o si necesito un manual de instrucciones en política exterior para guiarme durante una crisis, o si necesito depender de asesores ante los temas globales», aseguró en un claro ataque a Obama, al que la ex primera dama Clinton señala por no tener experiencia en política internacional.

«No voy a agendar a los líderes de Irán y Corea del Norte, Venezuela o Cuba en el calendario presidencial sin condiciones previas, hasta que hayamos evaluado a través de diplomacia de menor rango las motivaciones e intenciones de estos dictadores», sostuvo la senadora Clinton. «Simplemente no podemos legitimizar regímenes canallas o debilitar el prestigio estadounidense acordando impulsivamente conversaciones de nivel presidencial que no tienen condiciones previas», dijo en la Universidad George Washington la candidata demócrata.

Durante un debate con Clinton previo al cambio de mando en Cuba en el que Raúl Castro asumió la sucesión de su hermano Fidel Castro luego de 49 años en el poder, Obama reiteró su postura, que apunta a dar un primer paso hacia la isla gobernada por el Partido Comunista para luego esperar una reacción de La Habana.

Obama no habló de una reunión sin condiciones con las autoridades cubanas, sino de terminar con las restricciones a los envíos de remesas y viajes de cubanos que viven en suelo estadounidense a Cuba, como un gesto para fomentar una normalización de relaciones con la isla, que se produciría si hay una reacción favorable de apertura por parte de La Habana.

«Yo me reuniría con Raúl Castro sin precondiciones, aunque la senadora Clinton tiene razón, ya que tiene que haber preparación. Y eso es muy importante para nosotros para asegurarnos de que haya una agenda que incluya los derechos humanos, la liberación de los presos políticos y la libertad», sostuvo el candidato negro.

Obama ha reiterado, parafraseando una expresión del asesinado presidente estadounidense John F. Kennedy, que Estados Unidos no debe temerle al diálogo con sus enemigos. Pero ha insistido en que conversaciones de ese tipo deben realizarse luego de cuidadosos preparativos.

Con el republicano John McCain no habría ningún cambio de política con respecto a la que se está instrumentando actualmente por Washington, a menos de que Cuba inicie su proceso de democratización antes. El presidente George W. Bush y su secretaria de Estado Condoleezza Rice pidieron elecciones libres y cambios pacíficos, como paso previo a la normalización de las relaciones diplomáticas.

McCain deseó que Fidel Castro pueda reunirse «muy pronto con Karl Marx» y se opuso a levantar el embargo si Cuba no inicia antes un proceso de democratización que incluya la liberación de todos los prisioneros políticos. El republicano Mc Cain piensa que eso no se producirá antes de la muerte de Fidel. El ex prisionero del gobierno comunista de Hanoi dijo que está esperando el día en que se enjuicie a los cubanos que torturaron a sus compañeros de cárcel. A diferencia de Clinton y Obama, McCain descartó cualquier tipo de reunión con Raúl Castro. «No veo ningún motivo para sentarme con Raúl Castro y tener una conversación con él», afirmó el candidato.

Hillary tiene más coincidencias con McCain que con Obama. Lo que los une ­pese a las diferencias­ es el miedo a perder el voto de los cubanos­estadounidenses de Florida. Por el contrario, Obama estima que ese voto no es lo que era antes debido al peso de las nuevas generaciones, más moderadas, que son partidarias de una paulatina normalización de las relaciones entre ambos países.

 

Unilateralismo o multilateralismo

Para el International Herald Tribune, la política exterior que dejará el presidente Bush no ha sido la mejor. «Su mala gestión va mucho más lejos de Irak. Ha hecho trizas tratados internacionales, ha intimidado y enajenado antiguos amigos, y dado alas a nuevos y viejos enemigos», señaló uno de sus editoriales.

Hillary, en esa misma línea de opinión, criticó la «diplomacia de vaquero» del presidente estadounidense y se describió como la candidata más experimentada en asuntos de relaciones exteriores en la batalla por la nominación presidencial demócrata.

«Hemos visto el trágico resultado de tener un presidente que no tuvo ni la experiencia ni la sabiduría para liderar nuestra política exterior y proteger nuestra seguridad nacional. No podemos permitir que eso vuelva a pasar», señaló en un discurso ante veteranos. Clinton, senadora por Nueva York por siete años desde el fin del mandato presidencial de su esposo, Bill Clinton, por el período 1993 – 2001, apuntó reiteradamente a la inexperiencia de Obama, quien era legislador estatal en Illinois antes de ingresar al Senado en 2005.

Pero su rival Obama en materia de política exterior se vanagloria de ser uno de los pocos senadores ­no sólo entre los republicanos, sino también entre los demócratas­ que votaron en contra de la guerra de Irak, lo que supone ya una marca diferencial en la contienda para muchos electores liberales.

Sin embargo, su oposición a la guerra dista mucho de situarse en el principio del «pacifismo a cualquier precio». En una alocución ante manifestantes en Chicago que acudían a una convocatoria en contra de la guerra de Irak, dejó claro que él no se oponía a todas las guerras.

Recordó que su abuelo se alistó en el Ejército el día después de que Pearl Harbor fuera bombardeado y sirvió en las tropas comandadas por el general Patton. El candidato negro también afirmó que tras presenciar el terrible atentado del 9/11 contra Estados Unidos apoyó la promesa de la administración Bush de darle caza a quienes lo perpetraron «en nombre de la intolerancia». Y fue más lejos al afirmar que incluso estaría dispuesto a tomar las armas por sí mismo para evitar que semejante masacre volviera a ocurrir.

En su libro «La audacia de la esperanza» Obama afirma que en aquel entonces no albergaba ninguna duda de que el dictador Saddam Hussein poseía armas químicas y biológicas, y codiciaba hacerse con un arsenal nuclear. Tenía la seguridad del desprecio de aquel régimen a las resoluciones de la ONU y a sus inspectores, y que tal comportamiento debería acarrear consecuencias. Asimismo, afirma que estaba convencido de que Saddam masacró y violó los derechos humanos de su pueblo. Y, en definitiva, hacía suya la frase acuñada entonces de que «el mundo estaría mejor sin Saddam Hussein».

Sin embargo, también advirtió que la amenaza no era inminente, y que los motivos para la guerra que aducía Bush estaban basados en frágiles principios ideológicos. Sostuvo además que los objetivos de la intervención en Afganistán estaban lejos de alcanzarse, y lo que es más relevante políticamente: que la elección de la opción militar unilateral en lugar del camino de la diplomacia, las inspecciones coercitivas y las sanciones inteligentes, alejarían a Estados Unidos de la posibilidad de construir una base sólida para sus políticas. El candidato afroamericano es firme partidario del multilateralismo frente al unilateralismo, pero no descarta las acciones armadas consensuadas con la comunidad internacional.

La lucha contra el terrorismo no sólo se ganará mediante la correcta gestión del potencial militar de Estados Unidos, sino que será clave la guerra de las ideas en el seno de la opinión pública mundial, opina Obama.

 

Planes para Irak y Medio Orient
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Sus propuestas concretas para Irak son la retirada de las tropas estadounidense en 2009, al tiempo que aboga por dejar en manos de Naciones Unidas los esfuerzos de pacificación y reconciliación. Obama pretende concentrar los esfuerzos políticos y militares en Afganistán, todo ello situado en el marco de una redefinición de la política sobre Oriente Medio con una mirada más de conjunto.

En cuanto a Irak, su contendiente Clinton mantuvo su postura de comenzar el retiro de las tropas en los primeros 60 días de asumir la presidencia, pero también señaló que se asegurará de que Estados Unidos tenga un amplio plan para lidiar con la retirada y que no dejará en el limbo a los aliados iraquíes.

La senadora agregó que trabajará hacia una mayor diplomacia con Pakistán, especialmente en la frágil área fronteriza con Afganistán, un santuario de terroristas islámicos.

McCain, por su parte, hizo énfasis en que las tropas estadounidenses deben permanecer en esa región y sólo regresar cuando se logre una victoria completa. «No nos podemos rendir, nuestras tropas deben permanecer en Irak, Al-Qaeda está en Irak y nuestro ejército sólo debe ser retirado cuando se logre una victoria total», dijo el republicano.

«Estados Unidos derrotará al terrorismo contra Norteamérica y apoyaremos a Israel en su lucha contra el mismo enemigo. Si fallamos con Israel, ¿en dónde tendremos éxito?», se preguntó el candidato. Si bien ha sido más enfático que sus rivales demócratas a la hora de condenar a Irán, coincide con ellos en que, ante el incremento del asedio por parte de esa república islámica y de grupos terroristas, como Hezbolá y Hamas, es preciso que el próximo presidente continúe apyando a Israel mediante la provisión de equipos militares y tecnología.

Para McCain la larga y elusiva búsqueda de paz entre Israel y los palestinos debe mantenerse como prioridad. Pero la meta debe ser la paz genuina, por lo que Hamás debe ser aislado a medida que Estados Unidos intensifica su compromiso en hallar un acuerdo perdurable, según señaló en sus discursos el favorito republicano.

Obama, por su parte, afirmó que nunca reconocerá a Hamas, a no ser que modifique su «misión fundamental de eliminar a Israel», abandone la violencia y respete los acuerdos firmados entre la Autoridad Nacional Palestina y el gobierno de Israel. Su apoyo al Estado judío fue absolutamente claro durante la guerra del Líbano y firmó un documento que instaba a la Unión Europea a incluir a Hezbolá en su lista de organizaciones terroristas. Apoya el amplio consenso internacional basado en la solución de dos Estados que convivan en paz y seguridad.

Clinton apelaría al apoyo de los países árabes para lograr un acuerdo entre israelíes y palestinos basado en la creación de un Estado palestino en la Franja de Gaza y Cisjordania a cambio de la normalización de las relaciones de Israel con sus vecinos árabes. Para ello cuenta con el respaldo de la gestión de su marido, el ex presidente Bill Clinton, quien participó de los acuerdos de Oslo.

La ex primera dama destacó también en sus intervenciones las relaciones comerciales con China y la necesidad de revertir el déficit comercial estadounidense con el gigante exportador asiático y aumentar los estándares de seguridad de las importaciones, tras la retirada del mercado de diversos productos chinos por defectos de origen. La senadora Clinton también vinculó la política exterior a las de energía y fiscal, al decir que se reunirá con los países que también son grandes emisores de gases de efecto invernadero y que buscará un acuerdo que incluya a China e India.

La visión del mundo que tenga el próximo inquilino de la Casa Blanca atañe a todo el planeta, pero la política doméstica ­por ahora­ es lo que preocupa a los electores en las primarias.

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