MASACRES EN GAZA
Veamos los hechos desnudos. En la versión de Le Monde, al menos 28 palestinos, entre ellos seis niños, fueron muertos desde el miércoles 27 en raids israelíes en la franja de Gaza. Los ataques, que en su primera fase provocaron 11 muertos el miércoles en Gaza (cinco miembros de Hamas, cuatro civiles, un niño de 12 años y un bebé de seis meses), se intensificaron tras la muerte de un israelí por un cohete lanzado por Hamas que cayó cerca de Sderot, al sur de Israel. Después de golpear varios blancos en Gaza durante la noche, Israel llevó a cabo nuevos raids en la mañana del jueves, matando cuatro miembros de Hamas y otros dos combatientes, un civil y cuatro niños entre 7 y 12 años. Una de las víctimas, Hamzah Al-Hayyah, es hijo de un alto responsable del movimiento islamista. Otra incursión al mediodía en el campo de refugiados de Chati segó la vida de un policía. El portavoz de la agencia de la ONU para la ayuda a los refugiados palestinos, Christopher Gunness, condenó estos crímenes. La misma actitud adoptó el presidente de la Liga Arabe, Amr Mussa, quien subrayó que Israel no desea ningún acuerdo de paz con los palestinos.
Prensa Latina agrega que en esa jornada una unidad especial israelí ultimó a dos palestinos en el campo de refugiados de Balata, en la ciudad cisjordana de Naplusa, mientras cuatro más murieron en un bombardeo contra los barrios de Chujaiya y Zeitun de esa ciudad. Doce palestinos más fueron arrestados en otra de las habituales redadas del ejército israelí en Cisjordania. Entre los presos figuran numerosos diputados.
La embajada palestina en Buenos Aires eleva el número de muertes a 33, incluyendo siete niños.
Pero Israel no se detiene. Desde Tokio, el primer ministro Ehud Olmert expresa que los operativos van a proseguir y que «obligaremos a los terroristas a pagar un precio muy elevado». El ministro de Defensa Ehud Barak amenazó con «una escalada en el frente sur, una operación terrestre de gran envergadura» y que la solución para Israel llegará «más rápido de lo que muchos piensan».
La declaración de Olmert fue formulada después de reunirse con Condoleezza Rice, que le brindó pleno apoyo, por más que esté en la embarazosa situación de explicar las barbaridades de diverso signo perpetradas por marines de la base militar yanki en Okinawa, a saber: violación de una adolescente japonesa y de una mujer filipina, irrupción violenta en una vivienda japonesa, manejar borrachos y falsificar dinero. Esto cuando se publican por primera vez en crudo las fotos de las torturas aberrantes perpetradas por las tropas invasoras norteamericanas a los prisioneros de la cárcel de Abu Ghraib, en Irak, que ya hicieron temblar al mundo de indignación, y por el cual ningún jefe militar ha sido condenado. Toda una definición de la política de Bush, que en el caso analizado muestra una vez más su contubernio con Israel, su principal aliado al que arma hasta los dientes.
Veamos ahora cómo se presentó el tema en la CNN. En la tarde del miércoles, apareció en la pantalla su periodista José Levy, que no es otra cosa que un vocero del gobierno israelí. Formuló una extensa exposición, con imágenes, referida al cohete lanzado sobre Sderot, que causó la muerte de un israelí. Luego exhibió los efectos de otro lanzamiento sobre una población cercana, que fue incruento (como ocurre en la inmensa mayoría de los casos), pero que hizo correr para resguardarse a algunas autoridades presentes y al propio José Levy, cuya imagen apareció varias veces en un óvalo, a la carrera. De las masacres acometidas con antelación por Israel, no se dijo casi nada.
No se mostró ninguna imagen. El cohete sobre Sderot era la justificación de las matanzas. Por cierto que tampoco se dijo que el cohete era a su vez la réplica a los ataques previos de la aviación israelí en Khan Yunes, que causaron la muerte de cinco miembros del ala militar del movimiento (Kassam).
Las matanzas posteriores también pasaron a la cueva del olvido.
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