LA SECESION DE KOSOVO
El presidente de Serbia, Boris Tadic, manifestó que «Serbia nunca reconocerá la independencia de Kosovo».
Agregó: «Serbia ha reaccionado y reaccionará recurriendo a todos los medios pacíficos, diplomáticos y legales para revocar este acto perpetrado por las instituciones de Kosovo».
Previamente, Kostunica (que cobró notoriedad cuando la invasión y los bombardeos de la OTAN a Serbia y Kosovo en 1999 y ocupó la presidencia del país en el año 2000, cuando Slobodan Milosevic salió de la escena) había acusado a EEUU de querer crear en Kosovo un «Estado OTAN», en referencia a las fuerzas militares de la Alianza Atlántica (KFOR) que ocupan la región desde 1999. Al consumarse el intento de secesión, su pronunciamiento fue categórico: «Hoy, 17 de febrero, el Estado fantoche de Kosovo ha sido proclamado ilegalmente sobre el territorio de Serbia bajo control de la OTAN. Ha sido un acto de violencia».
Consecuentemente, Serbia retiró su embajador en Washington, y su cancillería anunció el retiro de sus embajadores ante los países que reconozcan a Kosovo, como Francia y Turquía. Kostunica efectuó el anuncio en una sesión de emergencia del Parlamento serbio, en cuyo transcurso insistió en que la decisión de Estados Unidos de reconocer formalmente un Kosovo independiente «no puede hacer real este falso Estado, aunque muestra al mundo entero la verdadera cara de la política de fuerza estadounidense».
En las manifestaciones en Pristina (capital de la provincia de Kosovo) en la tarde del domingo, ondeaban las banderas norteamericanas.
La ex Yugoslavia, que se había mantenido unida en vida de Tito (muerto en abril 1980), estalló después en sucesivas fragmentaciones. En setiembre 1991 Croacia y Eslovenia declararon su independencia. Al año siguiente aconteció lo mismo con Bosnia y Herzegovina (donde está Sarajevo, recordada por el incidente que condujo a la primera guerra mundial).
En marzo 1999, la OTAN bombardeó objetivos yugoslavos en Serbia, Montenegro y Kosovo. Sus «bombas inteligentes» destruyeron cientos de edificios civiles, escuelas, una estación de TV estatal y la embajada china en Belgrado (por error, eran «daños colaterales»).
Desde entonces quedaron las tropas de la KFOR en Kosovo, con no menos de 35 mil efectivos. En marzo 2002, Serbia y Montenegro crearon un nuevo estado.
Después Montenegro se separó. Ahora quieren despojar a Serbia de su provincia de Kosovo.
Es la fragmentación al infinito, con graves repercusiones en toda la región.
Esto es lo que apoya EEUU y la OTAN, mientras se organiza el envío de otra misión, la Eurolex, para reforzar el proceso de secesión, todo ello al margen de la ONU y de una mínima legalidad. Lo apoyan buena parte de los países europeos.
En primer lugar Gran Bretaña, siempre a la cola de EEUU, con Blair o con Gordon; Francia, por decisión de Sarkozy y Kouchner, rechazada por la izquierda; la Alemania de Angela Merkel e Italia, para vergüenza del gobierno que se va; Albania, pensando quizá en incorporar Kosovo a una «gran Albania»; Turquía, para ganar puntos en su afán de incorporarse a la Unión Europea. También Afganistán, que es lo mismo que decir Estados Unidos.
Pero se ha generado a nivel mundial una oposición fortísima, que se suma a la de las autoridades serbias, la Iglesia Ortodoxa de ese país y las poblaciones serbias en la propia Kosovo, que viven en guetos pero son mayoría en la región norte de la provincia, que llegado el caso podrían escindirse e integrarse a Serbia.
Integran el firme rechazo España, Rusia, Rumania, Grecia, Chipre, Eslovaquia, China, entre otros.
Rusia reclama la reunión urgente del Consejo de Seguridad, Rumania retiró su embajador en Pristina, España señala que la resolución carece de legalidad internacional, Chipre que es «jurídicamente nula» y la India que se debe respetar la integridad territorial de los Estados.
Veremos en próxima nota cómo la maniobra secesionista carece de toda legitimidad, a la luz de las normas internacionales y de las decisiones de Naciones Unidas (que no ha sido consultada), en particular la resolución Nº 1244 adoptada en 1999 por su Consejo de Seguridad.
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