El único que podía retirar a Fidel, era el propio Fidel
Por todos los canales de televisión y emisoras de radio, se leyó una y otra vez, el mensaje de Fidel Castro, que ocupó la tapa de los dos medios escritos de circulación nacional Granma y Juventud Rebelde, en el que anunció que no aceptará ser candidato a presidente y comandante en jefe de Cuba.
La noticia fue comentada en grupos, con el diario en la mano, en las paradas de las guaguas, a la entrada de los centros de trabajo, en los centros de estudio, en las cafeterías o a voz en cuello, entre una casa y la otra; es decir en todos lados.
A contrapelo de lo que sugerían algunas cadenas internacionales de noticias, la normalidad continuó durante toda la jornada, incluyendo la enorme asistencia de público a la Feria Internacional del Libro.
De las conversaciones con cubanas y cubanos, jóvenes y viejos, militantes del Partido Comunista y no, la conclusión más importante es sin duda, que la noticia era esperada, pero al decir de un trabajador de los servicios: «No es fácil compadre, yo nací sabiendo que Fidel estaba ahí, pero bueno ahora nos toca fajarnos más».
Por supuesto que no es fácil, la revolución cubana y Fidel tienen una relación simbiótica, una no se explica sin el otro y viceversa.
No es cualquier renuncia y no es cualquiera la forma en que se concreta.
Fidel es el jefe histórico de la revolución, entre 1958 y 2000 la seguridad cubana neutralizó 634 intentos de asesinarlo. Pero es mucho más que eso, es el estadista que le dio a Cuba la real independencia, socialismo en Cuba es sinónimo para muchos de soberanía nacional.
Además, Fidel no se va corrido por el rechazo popular, como varios mandatarios latinoamericanos en estos últimos años, se va por decisión propia, con prestigio e influencia política, en Cuba y en el mundo entero.
La decisión formal lo aleja de los cargos máximos del Estado cubano, pero su influencia política, moral e histórica, seguirá sin dudas, es que esa autoridad no la dan los cargos, sino la vida y la lealtad a sus ideas y a su pueblo.
Tiene mucha razón un trabajador cubano, veterano de la guerra de Angola, que me dijo ayer: «El único que podía retirar a Fidel, era el propio Fidel».
Desde que el 29 de julio de 2006 delegara en su hermano Raúl la Presidencia de Cuba, muchas interrogantes se abrieron sobre el futuro de esta isla y de su revolución.
Los que auguraron que todo se iba a caer o que se iban a producir cruentos enfrentamientos, una vez más se equivocaron. También se equivocaron los que pronosticaron una parálisis. En estos 19 meses en Cuba, pasaron muchas cosas.
Raúl Castro convocó a un debate nacional crítico sobre la situación del país y la respuesta fue contundente: se realizaron 215.687 reuniones de las que participaron más de 5 millones de cubanos que presentaron más de 1 millón de propuestas.
Se cumplió con normalidad el proceso electoral previsto en la Constitución cubana. El 20 de enero se eligieron los 614 diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en una votación que contó con la participación del 96% de los habilitados.
Esa misma Asamblea es la que elegirá este domingo al Consejo de Estado, que tiene 31 miembros, a su presidente, a un primer vicepresidente y a cinco vicepresidentes.
Fidel ha renunciado a ser candidato para presidente, pero nada ha dicho sobre su posible elección para integrar el Consejo de Estado. Tampoco nada ha dicho sobre su condición de primer secretario del Comité Central del Partido Comunista.
Hay muchas especulaciones, en la prensa internacional y en las mismas calles habaneras, muchos dicen que será Raúl el nuevo presidente y otros no descartan que se pueda nombrar a Carlos Lage, actual vicepresidente del Consejo de Ministros, de 56 años o a Felipe Pérez Roque, actual canciller, de 43 años.
En todo caso, los cambios esperables en Cuba nada tendrán que ver con los que pretende Bush, que se apresuró a pedir una transición hacia el capitalismo y a ratificar la vigencia del bloqueo, a pesar de que 184 países en la ONU lo condenaron.
Cuba tiene hoy mejores condiciones para procesar los cambios porque cuenta con una mayoría innegable que sigue respaldando a la revolución y porque su líder histórico ha facilitado esos cambios. También porque cuenta en América Latina con un conjunto de gobiernos de izquierda, que la pueden rodear de solidaridad y respaldo, para neutralizar las pretensiones de injerencia de EEUU.
Lo que en definitiva importa es que es una decisión de los cubanos, que deben tomar en libertad, sin intervenciones, ni injerencia alguna. A eso dedicó su vida Fidel Castro y a eso apuesta su decisión de abrir el camino a esta nueva etapa histórica en Cuba.
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