MANIOBRA RE-REELECCIONISTA DEL PRESIDENTE URIBE
El presidente y sus ministros marcharon en medio de la demostración. Su objetivo era encubrir la íntima conexión del gobierno y sus fuerzas armadas con las bandas asesinas de los paramilitares, ocultar su negativa pertinaz al canje humanitario y, a la vez, impulsar en forma fraudulenta la re-reelección del presidente.
Al día siguiente de la manifestación el llamado Partido de la U una excrecencia nacida del riñón del uribismo para acumular votos para su candidatura presidencial y conformar una bancada de legisladores afines anunció que «en vista del plebiscito de respaldo a Uribe Vélez» iniciará la recolección de firmas para una nueva reforma de la Constitución que posibilite la re-reelección del mandatario.
En El Tiempo de Bogotá del 13 de febrero podía leerse: «Una de las perspectivas que más aterra de un tercer período presidencial de Alvaro Uribe es la consolidación del régimen de impunidad política que cobija a sus más altos colaboradores». Esto se decía en el principal diario de Colombia, que desde hace más de un siglo pertenece a la familia Santos, la cual está representada en el gobierno por el vicepresidente Francisco Santos y por el ministro de Defensa Juan Manuel Santos. Este acaba de negociar en Israel una compra de armas sofisticadas para el ejército. En esa circunstancia se reveló la imbricación de los servicios de inteligencia israelíes, el Mossad, con las bandas de los paramilitares colombianos desde larga data (véase mi nota del día 16 «Uribe, el Mossad israelí y la CIA»).
La frase arriba citada se refiere a ministros, legisladores, gobernadores, jefes militares y de inteligencia del gobierno de Uribe que mantienen conexiones íntimas con los paramilitares, como lo revelara el capo máximo de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), Salvatore Mancuso, en sus resonantes declaraciones ante la fiscalía a mediados de mayo del año pasado. Como se sabe, por esa causa un buen lote de ellos ha sido enviados a la cárcel por la justicia y están detrás de las rejas, aunque hay muchos indicios de que siguen realizando sus actividades.
Los familiares de los retenidos por la guerrilla, que sufren en carne propia por la actitud desalmada de Uribe, se han desmarcado en gran medida de estas maniobras y siguen apostando al intercambio humanitario, para lo cual cuentan con el apoyo de un sector considerable de la población, de organizaciones sindicales, sociales, políticas y de DDHH.
Estas fuerzas organizaron una concentración masiva en la céntrica Plaza Bolívar el día 14 y alertan sobre el curso agresivo que imprime el presidente Uribe a su gestión sobre este tema. La liberación de Clara Rojas y de Consuelo González de Perdomo se logró a pesar de Uribe y de las maniobras militares que él ordenó en la zona crítica en los momentos de decisión. Ahora también pone trabas a la liberación de los tres ex congresistas propuesta por las FARC y sostenida por Chávez y Piedad Córdoba y por sus familiares movilizados. Recuérdese la alocución de Uribe cuando se planteaba la liberación de Ingrid Betancourt: «Aquí no hay despeje, señores generales. Vamos a rescatar a la doctora Ingrid Betancourt. Insistiremos en el rescate por vía militar». Ahí reside el gran peligro.
Además, en medio de esta tensa situación se está procediendo a una redistribución de la tierra y a desplazamientos masivos de campesinos, en operativos que revelan la estrecha relación de los paramilitares con los grandes propietarios de tierras y las transnacionales. Ahora mismo, el gran predio Carimagua, en el departamento del Meta, va a ser entregado a grandes empresarios terratenientes, y no a los campesinos desplazados.
«Asombra la insensibilidad social del ministro de Agricultura y del presidente Uribe» escribe Jaime Caycedo. «Para ellos, primero está el agronegocio. En último plano, las víctimas de la violencia y del narcoparamilitarismo.
El campesinado pobre, los sin tierra, los desplazados, claman por una redistribución democrática de la tierra, en contra de una reconcentración de la misma en manos de monopolistas». En conclusión llama a la gran manifestación del 6 de marzo, que incluye esa demanda. Por esa fecha, volveremos al tema.
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