España, contra gran parte de Europa y Estados Unidos, no reconoce a Kosovo
Un día después de la autoproclamación de la independencia kosovar, que despertó la euforia en su capital Pristina, unas 5.000 personas salieron a las calles de la capital serbia, Belgrado, para repudiar el acto.
«Estados Unidos reconoció oficialmente hoy a Kosovo como un Estado soberano e independiente. Felicitamos a la población de Kosovo en esta ocasión histórica», indicó la jefa de la diplomacia norteamericana, Condoleezza Rice, en un comunicado difundido en Washington.
En una reacción diplomática diametralmente opuesta, el parlamento ruso advirtió que Moscú tiene el derecho a partir de ahora de revisar su política con los Estados autoproclamados en el territorio de la ex URSS, en velada referencia a territorios vecinos que quieren unirse a Rusia.
La independencia de Kosovo mostró las divisiones internas de la UE, aunque una mayoría de países se mostró dispuesta a reconocerla.
«Queremos cerrar el capítulo que siguió al estallido de Yugoslavia. Kosovo fue y es la última cuestión no resuelta», declaró en Londres el primer ministro británico, Gordon Brown, al anunciar el reconocimiento.
«Tenemos la intención de reconocer a Kosovo», declaró el ministro francés Bernard Kouchner. «El presidente (Nicolas Sarkozy) ha escrito en ese sentido al presidente kosovar», añadió.
Casi las mismas palabras utilizó el ministro italiano Massimo D’Alema: «Puedo anunciar nuestra intención de proceder al reconocimiento de Kosovo».
De forma global, una «gran mayoría de Estados miembros» de la UE reconocerán «de una forma u otra» la independencia de Kosovo «en el plazo de un mes, es decir en febrero o marzo», aseguró el ministro sueco de Relaciones Exteriores, Carl Bildt.
Hacia las 18H00 GMT del martes, 17 países de la UE habían reconocido a Kosovo y su gobierno.
Pero otros seis países del bloque europeo, preocupados por los movimientos separatistas internos, dijeron no a la independencia de la provincia que provocó, en 1999, una intervención armada de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) contra Serbia.
«La posición es clara, muy firme, de no reconocimiento de una decisión unilateral por parte del parlamento kosovar, en cuanto no tiene la base suficiente de legalidad internacional que España siempre defiende», afirmó el ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos.
Chipre fue más allá incluso, al afirmar que la declaración unilateral de independencia de Kosovo es «jurídicamente nula» y «constituye una violación territorial» de Serbia.
Rumania, Grecia, Eslovaquia tampoco quisieron reconocer al nuevo estado en la inestable región balcánica.
Albania, en cambio, se apresuró a reconocer a la república vecina cuya mayoría es albanesa, y su gobierno anunció que decidiría este martes el establecimiento de relaciones diplomáticas a nivel de embajadores.
Turquía también lo reconoció, así como Afganistán.
Tanto la UE, que se vio empujada al reconocimiento diplomático, como Estados Unidos, cuyo presidente George W. Bush fue el principal apoyo de los independentistas kosovares, insistieron en que la medida no debe verse como un ataque contra Serbia.
Estados Unidos no olvida su «amistad con Serbia, un aliado durante las dos guerras mundiales», aseguró Rice.
Los países europeos quieren ser «al mismo tiempo amigos de Belgrado y amigos de Pristina», subrayó la ministra austríaca Ursula Plassnik.
El gobierno serbio, sin embargo, pidió a la «Justicia el procesamiento de la cúpula dirigente kosovar por organizar la proclamación de un falso Estado en el territorio serbio».
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