Critican pacto Chile-EEUU
Por Isidoro Gilbert
En rigor no es solamente para la Argentina, sino para el conjunto del Mercosur: los EEUU y Chile iniciaron negociaciones para firmar un tratado de libre comercio, justo cuando más confianza había en el Palacio San Martín de que el vecino trasandino se incorporaría de lleno al proceso de integración del Cono Sur.
El martes, Peter Romero, del Departamento de Estado de los Estados Unidos, sobresaltó al canciller Adalberto Rodríguez Giavarini, ocupado hasta ese momento en los preparativos del viaje del presidente Fernando de la Rúa a México, con la novedad. Según escribe «La Nación» la noticia «lo dejó inmóvil, absorto durante un tiempo impreciso».
El canciller habló con Itamaraty y le confirmaron que sus diplomáticos habían recibido la misma noticia. «Sólo Brasil y Argentina han sido notificados en América Latina», le precisaron.
Chile será, cuando firme el inminente tratado de libre comercio con Washington, el tercer país americano en tener ese status con los Estados Unidos; los otros dos son México y Canadá, ubicados en la frontera sur y en la frontera norte, respectivamente, de la única superpotencia del mundo actual.
Estos sucesos confirman por qué Chile siempre se manifestó esquivo a la alianza comercial del sur de América: prefiere un acuerdo propio con los Estados Unidos, proyecto en el que viene trabajando desde 1996.
Chile tiene una política arancelaria muy distinta del Mercosur y, sobre todo, de Brasil. Tiene aranceles muy bajos en su relación con el mundo, y Brasil los conserva muy altos. Washington ha señalado que las condiciones del ALCA se cifran en las políticas arancelarias, que debían respetar niveles muy bajos. Chile es el único país del Cono Sur que construyó esas condiciones.
No al Mercosur
Argentina es el principal interesado en la incorporación de Chile al Mercosur como miembro pleno: necesita a Santiago para que la ayude a convencer a Brasil de una paulatina reducción de los aranceles comunes de la alianza comercial, dice el diario.
Después de 1996 cuando fracasó en el Congreso de Washington la política de «vía rápida» propuesta por el presidente Bill Clinton para agilizar los tratados de libre comercio con los países de América Latina en el marco del ALCA, parecía que habría que aguardar el cambio de gobierno en los EEUU pese a que ese proyecto de integración desde Canadá a Tierra del Fuego, es una «política de Estado».
Pese al traspié de la «vía rápida», Chile comenzó una estrategia de sutil acercamiento al Mercosur, aunque conservó su diferencia fundamental sobre los aranceles y se desalentó muchas veces, además, por las sucesivas rencillas entre Brasil y la Argentina. La novedad sucedió cuando nadie la esperaba. La desalentaba, incluso, la propia crisis institucional en que se sumió Washington tras las elecciones presidenciales de hace más de veinte días.
Ahora los diplomáticos argentinos buscan argumentos para mantener la compostura ante la noticia: a la Argentina no le convendría un proceso muy rápido de integración con los EEUU, disimulaban, por la asimetría de sus economías. Tampoco se podría dar el lujo ahora de colocar en situación despechada a Brasil, el principal destino de sus exportaciones.
En círculos diplomáticos la lectura es que Washington quiere, una vez más, aislar al Brasil, por aspectos de su política externa y comercial y revive la antigua hipótesis de que a los EEUU les disgusta el Mercosur, por ser un obstáculo para sus propios objetivos integracionistas.
Sorpresas te da la vida Ahora además los socios del Mercosur no saben si contarán en el futuro con Chile, el único país latinoamericano con «investiment grade», el non plus ultra de las calificaciones para recibir inversiones externas o créditos.
Una fuente de la Cancillería le dijo a La RepUblica que aún falta mucho para que Washington y Santiago lleguen a un acuerdo. «Puede ocurrir como con Jordania, donde la firma de un tratado similar está estancada por las dificultades para compatibilizar, por caso, la política laboral y las de medio ambiente».
El presidente Ricardo Lagos estaba el día de ese anuncio en California, camino a México, para participar de las ceremonias de asunción de Fox, lo que permite suponer que Fernando de la Rúa con la misma misión le pedirá que amplíe las informaciones al respecto. El periodista Joaquín Morales Solá escribe en «La Nación» que «una extraña paradoja de la historia preparaba su comparescencia. Hace pocos días, Washington reveló nuevos secretos que echaron más luz aún sobre su importante participación en el brutal derrocamiento del presidente socialista chileno Salvador Allende, en la década del setenta. «El primer presidente socialista de Chile después de Allende, el actual mandatario Ricardo Lagos, se apresta a firmar, mientras tanto, el acuerdo de integración más significativo con los Estados Unidos que haya hecho un país del sur de América». Así son las cosas.
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