RECUERDOS TORTUOSOS

«Sabes que vas a estar bien, ¿verdad?», dijo Laurie Harkness, quien dirige el Errera Community Care Center para veteranos, al encontrarse con Miller. «Tal vez hiciste cosas horribles en Irak. Pero la gue- rra es terrible», dijo.

Miller asintió con la cabeza. Aceptó incorporarse al programa. Los beneficios para los ve- teranos cubrirían los costos del tratamiento. Miller pagaría 300 dólares al mes por alojamiento y comida. Pero poco después de registrarse, insistió en regresar a Kentucky para recoger su motocicleta. A regañadientes, Harkness le otorgó un pase de fin de se-mana.

Un día, en las afueras de Falluja, el soldado se colocó el cañón de un rifle de asalto M-16 en su boca, aspiró hondo y puso su dedo en el gatillo. «¿Qué me hacía a mí tan especial como para merecer quedarme aquí, y no otros de mis compañeros?», preguntó Miller refiriéndose a amigos que habían muerto (…)

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