El carnaval comenzó a invadir el valle del Rin
con miles de mujeres cortándoles las corbatas a los hombres, como si fueran su signo de masculinidad, una costumbre secular de estas regiones.
La calle principal de la ciudad de Colonia (oeste de Alemania) estaba repleta de mujeres disfrazadas portando grandes tijeras para cumplir con su objetivo de cortar corbatas, cercenando todo símbolo de machismo en las ciudades.
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