Japón vuelve a encontrarse con Mishima
Jerome Rivet – Tokio, AFP
Treinta años después de su espectacular suicidio por haraquiri, Yukio Mishima ha perdido la etiqueta de herético que le colgaron en vida para convertirse en uno de los máximos escritores contemporáneos de Japón.
El 25 de noviembre de 1970, la muerte de Mishima revistió un carácter tan teatral y trágico que provocó una enorme conmoción no sólo en Japón sino también fuera del archipiélago.
Quedan hoy de ese acontecimiento las célebres fotos del escritor con la frente ceñida con una cinta que está arengando desde un balcón a los soldados del cuartel general de las fuerzas armadas para enardecer sus sentimientos nacionalistas.
Unos minutos antes, con ayuda de cuatro miembros de su milicia Tatenokai había maniatado al comandante de la plaza.
Los soldados no lo escuchan, toman a chirigota su discurso, le lanzan insultos…
Mishima entra en los aposentos del cuartel, empuña el sable de samurai y, clavándoselo en el vientre, procede al ritual «seppuku». Para abreviarle los sufrimientos, su fiel compañero Morita lo decapita antes de darse muerte a su vez.
«La conmoción nacional e internacional de esta muerte fue enorme», relata el periodista británico Henry Scott-Stokes, muy allegado al escritor y autor de su biografía, «Muerte y vida de Mishima».
«Causó tanto revuelo porque Mishima era el japonés más sobresaliente de su generación y, además, porque el suicidio por haraquiri había desaparecido por completo de Japón después de la Segunda Guerra Mundial. La gente consideraba que ese gesto pertenecía irreversiblemente al pasado», explica Scott-Stokes.
Treinta años después, el cuartel blanco de Ichigaya sigue en pie, pero la dependencia en la que se suicidó Mishima a los 45 años de edad ha sido destruida, aunque se ha erigido una lápida que rememora el acontecimiento.
Unos cuantos movimientos nacionalistas, como el grupúsculo «Yukoku-Ki», celebraron con mucha discreción el aniversario y organizaron conferencias para ensalzar el valor de Mishima.
La controvertida dimensión política de Mishima se ha ido difuminando progresivamente después de su muerte, a medida que Japón levantaba la cabeza luego del trauma consecutivo al militarismo y la guerra de los años treinta y cuarenta.
«Mishima es un personaje emblemático de este período, por ser el primero que sacó a relucir y a debate abierto tabúes de Japón, como por ejemplo la importancia del emperador», considerado como un ser de naturaleza divina hasta 1945, explicó Scott-Stokes.
«Hace 30 años Mishima era considerado como un extremista de derecha y un teórico político. Pero después, los japoneses han comprendido poco a poco la naturaleza real de su labor y ahora le rinden pleitesía por sus dotes de escritor», subraya Miyoko Tanaka, crítico literario especialista de Mishima.
En el extranjero Mishima es uno de los escritores japoneses más leídos,y se traducido su obra en treinta lenguas», precisa Satoru ito, editor de las obras completas.
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