Otra derrota en La Haya
La Haya, dpa
Los políticos habían esperado aprobar un paquete de medidas de implementación del Protocolo de Kyoto de 1997 para reducir las emisiones de esos gases un 5,2 por ciento entre los años 2008 y 2012, tomando como referencia los niveles de 1990.
Ya al comienzo de esta semana, los delegados habían comenzado a señalar que el plan era demasiado ambicioso y que no había tiempo suficiente para tratar temas altamente complicados, como hasta qué punto los bosques podrían actuar como «sumideros» de dióxido de carbono.
Las negociaciones se complicaron por numerosos grupos de intereses y «lobbies» que trataban de hacer sentir su influencia. Grandes países productores de petróleo e industrias fabricantes de combustibles fósiles tenían el claro propósito de sabotear las negociaciones, según las organizaciones ambientalistas que participaban en las sesiones.
La ministra francesa del Medio Ambiente, Dominique Voynet, hablando a nombre de la Unión Europea, dijo que «algunos países vinieron aquí con la intención de impedir la ratificación de los acuerdos».
No obstante, las diferencias entre los países de la Unión Europea al parecer complicaron también las negociaciones. El secretario británico para el Medio Ambiente, John Prescott, abandonó indignado la conferencia tras declaraciones hechas por la francesa Voynet durante una reunión del grupo UE, según fuentes de las delegaciones.
La delegación alemana hizo en un momento una propuesta de último minuto a las delegaciones de Japón y Estados Unidos en lo relativo a los «sumideros», basada en propuestas hechas por el presidente de la conferencia, el ministro holandés de Medio Ambiente, Jan Pronk.
Según el Protocolo de Kyoto, Estados Unidos debería reducir sus emisiones en siete por ciento. Pero, teniendo en cuenta el continuo crecimiento económico anual junto al incremento de las emisiones, a Estados Unidos le correspondería una reducción del 35 por ciento a fines de la década, dijo el jefe de la delegación estadounidense, Frank Loy.
Según un delegado de la Unión Europea, lo que Estados Unidos explicaba era: «Veamos, nosotros no podremos reducir nuestras emisiones, así que sean ustedes flexibles en lo relativo a los ‘sumideros’. Esto era simplemente inaceptable».
Los «sumideros» incluirían los actuales bosques como reductores de dióxido de carbono en el cálculo total, liberando a Estados Unidos de una drástica reducción de sus emisiones domésticas.
Científicos señalan que el Protocolo de Kyoto tiene horribles fallas y que ahora serían necesarias reducciones de entre 60 y 70 por ciento.
«No hay manera de impedir que las cosas empeoren en los próximos 40 o 50 años», dijo Andrew Dlugolecki, matemático y directivo de una empresa aseguradora. «Está en nuestras manos el evitar que la situación sea peor en los próximos 50 años».
El reciente incremento de la temperatura en el planeta fue causado por el efecto acumulativo de 100 años de industrialización, dijo.
Observadores señalan que fue demasiado optimista esperar tanto de la conferencia de La Haya, dada la complejidad técnica de las negociaciones.
Por esto, activistas medioambientales y organizaciones no gubernamentales están tratando ahora de atraer a la industria hacia la causa de la protección del clima. Organizaciones como Greenpeace y la fundación Worldwide Fund for Nature (WWF) han establecido lazos con industrias antes sindicadas como los peores contaminadores para incrementar la promoción de energías limpias y renovables.
El lobby norteamericano Coalición por el Clima, que tuvo un papel clave en tratar de impedir un acuerdo en la conferencia de Kyoto, en 1997, tuvo ahora una importancia secundaria en La Haya. Varias empresas multinacionales han abandonado esa coalición.
La British Petroleum ha lanzado su propia iniciativa, «Beyond Petroleum» (Más allá del Petróleo), y se ha convertido en el mayor productor individual de equipos de energía solar.
La tecnología moderna podría en los próximos años hacer más que cualquier acuerdo político para reducir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. El desarrollo de energías limpias, según el director del Programa Medioambiental de Naciones Unidas (UNEP), Klaus Toepfer, será el motor de grandes cambios en el poder económico entre los países.
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