El vicepresidente no quiere aceptar el resultado de la elección si pierde

El Partido Demócrata duda de Al Gore

Washington, ANSA

Si el lunes el vicepresidente cuestiona en tribunales los resultados de Florida, como ya prometió hacer, ya no contará con el pleno apoyo de su partido.

Los exponentes demócratas, aunque insatisfechos de cómo Gore realizó su campaña electoral, apoyaron hasta ahora de manera compacta al vicepresidente en su batalla, cada vez más agria, por la Presidencia.

Pero la proclamación oficial de los resultados mañana domingo marcará el cruce de una importante barrera psicológica para los dirigentes demócratas. Si Gore, vencido en los votos por Bush, decide hacer avanzar la lucha, corre el riesgo de lanzarse a una carga solitaria.

«Los norteamericanos comienzan a mostrar signos de exasperación –afirmó el senador demócrata John Breaux–. El partido que muestra querer prolongar este caso más allá de lo razonable corre el riesgo de pagar un alto precio».

Se trata de una opinión compartida por muchos exponentes demócratas. La campaña de Gore es consciente, además, de la fragilidad del apoyo del partido.

En los últimos días el jefe de la campaña, William Daley, y el enviado especial de Gore a Florida, Warren Christopher, intentaron tranquilizar al partido: lucha no será llevada más allá de cierto límite. Pero esa afirmación enojó a Gore, y Daley se vio obligado a retroceder.

El problema para Gore es que muchos en el Partido Demócrata consideran como una divisoria de aguas psicológica justamente la certificación de los resultados el próximo domingo.

«Las probabilidades de obtener una anulación de los resultados electorales son muy escasas –admitió en privado un dirigente demócrata–, prolongar inútilmente la conclusión del proceso electoral corre el riesgo de costarle caro al partido».

La falta de consenso demócrata corre el riesgo de convertirse en un factor crucial de debilidad para Gore. Los republicanos, unidos por el sentimiento de que el vicepresidente «está intentando robarle la presidencia a Bush», parecen mucho más decididos a sostener al gobernador de Texas hasta las hipótesis más extremas.

Incluyendo el cuestionamiento, en la reunión extraordinaria del 6 de enero próximo del nuevo Congreso, de la asignación de los Grandes Electores de Florida. A diferencia de los demócratas, los republicanos tienen también mayoría numérica en el Congreso para perseguir esta clamorosa opción.

La fragilidad del apoyo demócrata para Gore se vio confirmada por los resultados de un sondeo de opinión difundido hoy por el instituto Zogby. Mientras el 70 por ciento de los partidarios de Bush dijo que no consideraría a Gore un presidente legítimo, sólo el 30 por ciento de los partidarios de Gore creería ilegítima una eventual victoria del gobernador de Texas.

Pero Gore parece decidido a ignorar el riesgo de perder en la calle gran parte de su apoyo. Está convencido de haber ganado las elecciones, de haber recibido más votos que Bush tanto en Florida como en el resto del país.

Y está decidido a no dejar nada suelto para bloquear a su rival el camino, cada vez más minado, hacia la Casa Blanca.

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