
Puerto PrÃncipe, AFP
Jean Bertrand Aristide, cuya victoria está virtualmente asegurada debido a que la oposición boicoteó las elecciones y no postula un candidato, ya no tranquiliza a las potencias extranjeras que lo ayudaron durante su llegada a la Presidencia en 1990 y luego a volver al poder en 1994. Según Aristide, cuyo programa electoral tiene un tinte neoliberal, sus prioridades serán la alfabetización, la modernización del Estado, la seguridad, la salud y la justicia. Empero por encima de todo, Aristide afirmó que “nuestra pobreza no espera la limosna de nadie”.
Una fuente diplomática comentó que el nuevo presidente “será juzgado por sus actos y la comunidad internacional suministrará ayuda cuando constate que se han tomado medidas concretas para combatir la miseria y defender la democracia”.
Debido a la negativa del partido de gobierno de llegar a un acuerdo con la oposición, la Unión Europea suspendió su ayuda de 148 millones de dólares.
Asimismo, quedaron en suspenso préstamos del Banco Mundial por 200 millones de dólares y del Banco Interamericano de Desarrollo por otros 200 millones.
Estados Unidos y Francia, impulsores de un embargo a Haità durante el régimen que imperó entre 1992 y 1994, cambiaron de posición. Fuentes religiosas dijeron que ese embargo provocó la muerte de entre 14 y 20 mil personas, en su mayorÃa niños, ancianos y mujeres.
“No se trata de abandonar a los haitianos. Un embargo está excluido. Los nuevos proyectos serán lanzados cuando haya garantÃas suficientes”, se dijo en los medios diplomáticos.
La actitud expectante de la comunidad internacional transcurre cuando Haità está al borde de la asfixia.
La miseria es extrema. El 10% de los 8 millones de habitantes no tiene ningún ingreso y el 70% de la riqueza queda en manos de un 4% de privilegiados. La situación sanitaria es catastrófica. Es el paÃs americano con mayor número de muertos por sida, la malaria es endémica en un 80% del paÃs, la tuberculosis afecta a 5 de cada 1.000 haitianos, sólo el 25% de los habitantes dispone de la ración alimentaria diaria mÃnima para vivir (2.200 calorÃas), la tasa de mortalidad infantil es de 74 cada 1.000 y sólo un tercio de los 2,3 millones de residentes en la capital disponen de agua potable. Con un galopante crecimiento demográfico, Haità dispone de recursos agrÃcolas que apenas alcanzan para satisfacer el 40% de sus necesidades. El caos está en parte mitigado por los 500 millones de dólares que, según se estima, remiten anualmente los haitianos que emigraron a Estados Unidos o Europa.
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