Las mujeres amaron a Hitler
Berlín, ANSA
Adolf Hitler fue amado por miles de mujeres pero en su vida privada siempre estuvo solo, afirma una investigación que el semanario alemán Stern realizó sobre la personalidad del Führer.
Del estudio se desprende que el dictador que trastocó la vida de Europa y responsable del holocausto mantuvo durante varios años una relación atormentada con el otro sexo.
En una ocasión, cuando visitó en una cálida noche de mayo de 1932 a la actriz Leni Riefenstahl, Hitler le gritó: «No puedo amar a una mujer hasta que no haya cumplido mi obra». La artista –en tanto– rechazaba sus toscos intentos de seducción.
Leni, que reveló el episodio en sus memorias, fue una de las pocas mujeres que asistió a un estallido emocional del Hitler privado, un hombre que siempre supo atraer los sentimientos populares pero que ocultó los suyos.
Según afirma su biógrafo Joachim C. Fest, Hitler evitaba por todos los medios demostrar sus sentimientos y siempre temía hacer el ridículo: hasta cuando acariciaba a su perro, el Führer le echaba bruscamente de su lado si se percataba de que alguien lo observaba.
La investigación de Stern presenta a un Hitler inédito, que cuelga la imagen de su madre Klara encima de la cama y afirma con decisión: «Mi esposa es Alemania», frase que causó una ola de histeria entre las germanas poco después de que llegara al poder (1933).
En esa época, fueron centenares las cartas de amor que mujeres enamoradas escribieron a Adolf Hitler: «Querido mío, dulcísimo Adolf, mi amado Führer, quiero tener un hijo de usted», se lee en una de ellas.
Y aunque el dictador alemán siempre estimuló a los alemanes para que procrearan y distinguía con medallas a las mujeres con más de cuatro hijos, en la vida privada condujo una vida muy solitaria.
En 1920, Adolf Hitler escribía. «Mi familia es mi pastor alemán», refiriéndose a su amado perro.
La investigación de la revista Stern sobre Hitler analiza además el comportamiento de las mujeres de los grandes jerarcas del nazismo y sus vidas como madres del Tercer Reich.
Un ejemplo típico es Gerda Bormann, mujer de Martin Bormann y madre de diez hijos. La mujer no sólo aceptó las continuas traiciones de su marido sino que incluso lo estimuló, en nombre de la raza germánica, a tener descendencia con sus amantes.
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