El resurgimiento talibán. Estados Unidos y la OTAN atrapados en la tierra del opio y de "los señores de la guerra"

Afganistán en el triángulo de la muerte

Varios especialistas consideran hoy que los nuevos males de Afganistán ­el resurgimiento de los talibanes­ son en buena parte un resultado indirecto de la invasión estadounidense de Irak en marzo de 2003.

La invasión de Irak ha llegaba en un momento crucial para Afganistán, donde Al Qaeda, bajo las órdenes de Osama bin Laden, organizó los atentados del 11 de setiembre de 2001 en Estados Unidos. La coalición bajo el mando estadounidense invadió el país en octubre, derrocó a los talibanes del poder y obligó a Bin Laden y a sus acólitos a huir.

Ya en 2003, el país, ampliamente destruido por más de 30 años de guerra, había comenzado a fortalecerse y la seguridad mejoraba.

Pero al invadir Irak, Estados Unidos desvió su atención del país y a precisar de los recursos militares, especialmente los desplegados en el sur afgano, bastión de los talibanes.

El vacío creado fue rápidamente llenado por los insurgentes enfrentados a las fuerzas internacionales, insuficientes para cubrir el terreno, y las fuerzas de seguridad afganas, bastante menos numerosas y más corruptas para hacer realmente la diferencia.

Para Ricardo Angoso, coordinador general de la ONG Diálogo Europeo y miembro del Consejo Asesor de Infomedio, «los últimos atentados acaecidos en Afagnistán vuelven a mostrar a las claras la incapacidad de la Alianza Atlántica por controlar la situación y llevar el orden a este abatido país tras décadas de guerras, inútiles gobiernos y fallidas intervenciones extranjeras. Si bien es cierto que la misión afgana es bien distinta a la iraquí, y que cuenta con el apoyo y la legitimidad de la comunidad internacional, incluso con tropas de la OTAN, entre ellas españolas, tampoco este último aspecto ha conseguido que la población afgana haya recibido con agrado la presencia foránea», explicó.

En opinión de Amin Tarzi, director de Asuntos de Oriente Medio de la Marine Corps University de Estados Unidos, Irán ejerce influencia sobre la situación afgana, destacando que los guardianes de la República Islámica están utilizando Afganistán como escenario para salvaguardar su poder y continuar con el desarrollo de su programa nuclear. Esta estrategia iraní se traduce en la elección de un nuevo aliado de conveniencia, como son los suníes neo-talibanes, a los que provee de armas con el fin de crear una desestabilización mayor a la de Irak. El objetivo último es disuadir a las potencias occidentales, especialmente Estados Unidos, y que no se ponga en cuestión la autoridad de Teherán, sostiene el académico en su análisis.

El tema preocupa al Congreso estadounidense. «Pese a las intenciones tranquilizantes de la Casa Blanca, está claro que el presidente George W. Bush abandonó el verdadero frente de la guerra contra el terrorismo: Afganistán», acusan los senadores de la oposición demócrata, hoy en campaña electoral.

«Está más claro que nunca que debemos replegar nuestras fuerzas en Irak para que podamos concentrar otra vez nuestros esfuerzos en la guerra contra el terrorismo», señalaron en un documento.

Si los demócratas tienen un interés político en denunciar la estrategia del presidente, su análisis es corroborado por un estudio publicado recientemente por el diario New York Times. «En los momentos cruciales en el combate por Afganistán, el gobierno de Bush a desviado los medios de inteligencia y de reconstrucción, ya limitados, hacia Irak, que incluye el equipo de choque de la CIA y las fuerzas especiales que buscan a los terroristas», concluye la investigación.

El vacío generado también fue ocupado por los «señores de la guerra», una plaga en Afganistán, cuyas actividades han ayudado al regreso de los talibanes, explicó Marvin Weinbaum, quien fue un experto del Departamento de Estado a cargo de Afganistán.

«No hemos prestado suficiente atención en primer lugar a la seguridad misma pese a ser considerada una prioridad y ciertamente no lo suficiente al gobierno, al desarrollo, a la cultura y al tráfico de la droga», señala.

Un fracaso que según él se debería a la incapacidad de desplegar con suficiente rapidez un número adecuado de tropas internacionales. Así lo dejó claro Washington en la última reunión de la OTAN, en donde reclamó a sus socios más compromiso y tropas para que ese país no quede a merced de «los señores de la guerra».

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