Uribe pateo el tablero
Desde luego, culpó a las FARC. Pero la guerrilla ha dado pruebas múltiples de buena voluntad, e inclusive la liberación de Clara Rojas, su hijo Emmanuel y la congresista Consuelo González de Perdomo es una iniciativa unilateral suya.
Para justificar su acción, Uribe condensó dos gruesas mentiras en una sola frase: dijo que las FARC se negaban a proporcionar las coordenadas porque no tenían en sus manos al niño Emmanuel, que bajo el nombre de Juan David Gómez Tapiero se encontraba desde 2005 en la delegación del Instituto de Bienestar Familiar en San José de Guaviare, en el sur.
En primer lugar, si las FARC no proporcionaron las coordenadas que aguardaba el coordinador designado por Chávez, el ex ministro de Interior y Justicia Ramón Ramírez Chacín, ello se debe a que, violando las promesas, persistían las operaciones del ejército colombiano en la zona (presumiblemente acopladas con bandas paramilitares). Uribe formuló la contrapropuesta de establecer un corredor entre Villavicencio y la zona donde estaban los rehenes, pero esto equivaldría a revelar la ubicación de esta última, algo absolutamente inaceptable.
Tanto más desde que hay un antecedente: cuando, en otra demostración de buena voluntad, las FARC enviaron dos jóvenes guerrilleras con las pruebas de existencia de todos los rehenes, fueron apresadas en Bogotá y recluidas en pésimas condiciones, sin reconocer su misión humanitaria.
La segunda mentira de Uribe se refiere a la identidad y actual paradero del niño Emmanuel, y no tardará mucho en comprobarse, porque expertos en genética colombianos ya se encuentran en Caracas para examinar el ADN de la señora Clara de Rojas, madre de la ex candidata vicepresidencial y abuela del niño.
Y lo mismo hará Iván, el hermano de Clara, quien dijo que no se irá de Caracas sin ella. Pero previamente una pregunta se cae de madura: si el presunto Emmanuel está en ese instituto de Guaviare desde el 16 de junio de 2005, ¿por qué no lo dijo antes Uribe? Parece una fábula inventada de cabo a rabo, para frustrar el operativo.
Hay libros que describen minuciosamente el proceso de nacimiento del niño por cesárea, mencionando por su nombre y apellido a la profesional que atendió a su madre en el parto, y es inconcebible que lo hubieran sacado de la selva hace dos años y medio sin que nadie supiera nada.
No es la primera vez que Uribe dinamita el proceso de liberación de rehenes.
El mismo venía avanzando a buen ritmo gracias a los esfuerzos de Chávez, de la senadora Piedad Córdoba (a quien se le debe reconocer la dedicación y la valentía con que desempeñó su labor facilitadora, para la que había sido designada por el propio Uribe, en su país, en Venezuela y en EEUU) y por los familiares y la sociedad colombiana. Chávez había entrado en contacto con el principal jefe de las FARC, Manuel Marulanda. Todo hacía prever un desenlace favorable.
Fue entonces, en noviembre, que Uribe pateó el tablero por primera vez, tomó como pretexto una conversación telefónica de Chávez con el mando militar colombiano y tiró todo para atrás. Hubo que recomenzar a remar, desde el principio.
Así ocurrió en el resto de noviembre y el mes de diciembre íntegro.
Analistas estiman que para ese corte abrupto fue decisiva la influencia de Bush. Colombia recibe una ingente ayuda militar de EEUU, y el Plan Colombia es una ley norteamericana con la consiguiente dotación presupuestal. Militares yankis actúan en el conflicto interno colombiano y operan desde la base de Tres Esquinas, en Caquetá, a la que se agregaron las bases de Caño Limón en Arauca, frontera con Venezuela, y en Castilletes, en la Guajira.
Tres de los retenidos por las FARC son militares estadounidenses capturados en acción. Ahora también se habla de una llamada de Bush a Uribe en Villavicencio y a promesas relativas al TLC.
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