Rescate de los 3 rehenes. No había un operativo semejante desde el Grupo de Contadora

En marcha la Operación Emmanuel

La operación en curso ha sido bautizada precisamente como Operación Emmanuel, aunque el presidente Chávez prefiere denominarla Operación Transparencia. Para la misma se ha montado un andamiaje que tiene pocos precedentes en materia internacional.

En efecto: integran el grupo de los países garantes y el personal internacional, además de Venezuela y Colombia, el hasta hace poco presidente argentino, Néstor Kirchner, el asesor internacional del presidente Lula, Marco Aurelio García (cabe recordar el papel que desempeñó para evitar un baño de sangre en Bolivia y persuadir a Gonzalo Sánchez de Losada que se mandara mudar), el viceministro boliviano de movimientos sociales Sacha Llorenti, el ex ministro ecuatoriano del interior Gustavo Larrea y los embajadores de Cuba y de Francia en Caracas, aunque participó directamente además el presidente francés Nicolas Sarkozy. A ello se sumaron Suiza, también activa en las instancias previas junto a España, y desde luego la Cruz Roja Internacional, que juega un papel destacado en el operativo de rescate en sí.

En la Caravana humanitaria aviones y helicópteros venezolanos llegaron desde varios aeropuertos de ese país al aeropuerto Vanguardia de la ciudad de Villavicencio, capital de la provincia colombiana de Meta. Desde allí aguardan las coordenadas para volar hacia el punto (o los puntos) de rescate. Éste era hasta ahora el punto clave, superado el cual volarán hacia Caracas, donde ya los están aguardando sus familiares, y de ahí a su nueva vida.

Decíamos que hay pocos antecedentes de una operación internacional de esta envergadura, que haya concitado semejante adhesión solidaria, ante todo latinoamericana. El más próximo es la creación del Grupo de Contadora en la década de los 80, originalmente formado por México, Panamá, Venezuela y Colombia, a los que después se sumaron las democracias recuperadas de Argentina, Brasil, Perú y Uruguay para constituir el Grupo de Apoyo (que más adelante se trasmutó en el Grupo de Río) y que desempeñó un papel de primer plano para traer la paz a América Central, particularmente a Nicaragua y a El Salvador y después a Guatemala.

Fue imprescindible poner en marcha un movimiento de esta naturaleza y de este calibre para vencer las obstinadas resistencias que se interpusieron en el camino. La principal se originó en la tesitura intransigente del presidente Álvaro Uribe. Primero planteó una serie de puntos innegociables, para impedir la plasmación de cualquier tipo de intercambio humanitario. Luego, cuando estaban a punto de culminar las laboriosas gestiones de Chávez y de la facilitadora colombiana que él mismo había designado, la senadora Piedad Córdoba, pateó el tablero, desconoció la gestión de ambos (posiblemente por presión del gobierno norteamericano) y todo volvió a fojas cero. Nuevamente se ejerció la presión de pueblos y gobiernos de América Latina y de algunos países europeos, de la sociedad colombiana y de los familiares (de Yolanda Pulecio, madre de Ingrid Betancourt, del profesor Moncayo, padre de un cabo retenido desde hace 10 años), así como la iniciativa unilateral de las Farc de liberar a tres personas, para que ya fuera imposible impedir este primer paso, que es fundamental en sí mismo y por sus proyecciones de futuro. Recordamos las enérgicas declaraciones de la señora Pulecio que decía, con lágrimas en los ojos, que «Uribe no muestra el menor interés en el intercambio humanitario».

Las líneas están tendidas. Chávez, que ha designado para esta delicada misión al ex ministro de Interior y Justicia Ramón Rodríguez Chacín, recomienda «llenarnos de paciencia, mucha paciencia» y operar paso a paso. En la propia Venezuela, las fuerzas opositoras se pronuncian agresivamente contra cualquier acuerdo con las Farc. Los vimos en Globovisión, apelando al arsenal desgastado de la «lucha antiterrorista». En cambio, en todas partes se augura que un resultado satisfactorio ahora pueda abrir perspectivas renovadas en Colombia. Desde Página12 un corresponsal en Caracas escribe que ojalá el asunto «vaya mucho más allá del caso de los rehenes (45) canjeables por guerrilleros de las Farc presos y haya un corredor hacia la negociación».

Jaime Caycedo, secretario general del PC colombiano, integrante del Polo Democrático, y concejal electo por Bogotá, dice en su saludo de fin de año: «El empeño por la paz democrática y los acuerdos humanitarios tiene que hacerse prioridad en la agenda de las organizaciones populares, los movimientos sociales y las fuerzas políticas, más allá de la disposición o no del gobierno. La sociedad no puede permanecer presa del capricho guerrerista y de un desproporcionado presupuesto de guerra y represión. Los familiares de los secuestrados, prisioneros de guerra y presos políticos han manifestado con claridad su decisión de continuar actuando. Se necesita despertar un amplio movimiento de masas en el país que acompañe la búsqueda de la paz». Y tras destacar el proyecto de Estatuto del Trabajo propuesto por las senadoras Gloria Inés Ramírez y Piedad Córdoba, formula el voto de «que 2008 haga posible un gran acuerdo unitario de los ciudadanos y las ciudadanas por un nuevo país, un país en paz».

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