Presidente moderado, conservador y popular
Paniagua, el primer opositor electo jefe del Congreso peruano en ocho años, asumió la presidencia transitoria del país por la renuncia de Alberto Fujimori –finalmente rechazada por el Legislativo y declarado vacante su cargo– y de los dos posibles sucesores.
Perú quedó con un vacío de poder después que Fujimori envió el lunes al Congreso desde Japón su carta de renuncia a la presidencia, tras 10 años en el poder; y luego que el segundo vicepresidente, Ricardo Márquez, anunció también su dimisión.
El primer vicepresidente, Francisco Tudela, también dimitió en octubre en protesta por el retorno a Perú desde Panamá del actualmente prófugo ex asesor de Inteligencia, Vladimiro Montesinos, ojo de la peor tormenta política en una década.
En una sesión extraordinaria del Congreso, Paniagua –un constitucionalista de 64 años– fue designado para gobernar a Perú hasta el 28 de julio de 2001, cuando deba entregar el mando al sucesor que resulte electo de los comicios de abril.
¿Nueva era Paniagua?
Con 37 años de carrera política, Paniagua llega con un estilo concertador, giro totalmente opuesto a lo que Fujimori estaba acostumbrado a hacer.
Bajo la manga, carga la responsabilidad de calmar la agitada política peruana y llevar al país a unos comicios transparentes.
«Tengo gran confianza en la credibilidad, el profesionalismo y la seriedad de Paniagua», dijo Alejandro Toledo, líder del mayor partido opositor, Perú Posible y candidato para los comicios de abril.
El perfil de Paniagua en el Parlamento cobró relevancia cuando la ex jefa del Congreso y aliada de Fujimori, Martha Hildrebrandt, fue censurada la semana pasada por la oposición, y Paniagua asumió su cargo.
Luego vino la renuncia de Fujimori y de los dos posibles sucesores dejando el camino abierto para que Paniagua asumiera la presidencia desde su puesto, el tercero en la línea de sucesión presidencial.
Fujimori recortó su quinquenio a un año y llamó a comicios anticipados luego que Montesinos se involucró en un presunto acto de corrupción detonando en setiembre la crisis.
Hay un consenso general tanto de opositores, independientes e incluso de oficialistas, de que Paniagua es un hombre confiable.
La buena reputación que ganó data de 1963, cuando empezó en política como diputado por su natal Cusco –capital del Imperio Inca y sede de las ruinas de Machu Picchu–. En 1980 fue diputado por Lima y en 1982 presidió la Cámara baja.
Fue ministro de Justicia (1965) y de Educación (1984).
Ahora, inaugurando una nueva era en el Congreso, al acabar con el reinado que la bancada oficialista tenía desde 1992, su primera acción fue restituir a tres magistrados destituidos del Tribunal Constitucional hace tres años por oponerse a una ley que permitía la segunda reelección sucesiva de Fujimori.
«Es una enorme responsabilidad. Ha llegado el momento de cambiar el Congreso», dijo Paniagua cuando asumió la jefatura del Parlamento.
Y casi sin respiro, una semana después se vio convertido en presidente de la República y con la difícil tarea de coducir al país hacia las elecciones del 8 de abril y la transición hasta que asuma el mandatario electo en julio de 2001.
Paniagua, miembro del partido conservador Acción Popular, es calificado por analistas como el «hombre del consenso». De trato amable, con cuatro hijos, es amante de sus raíces cusqueñas y de sus alumnos universitarios de derecho.
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