La carísima miseria de Darfur
Según una portavoz de la organización internacional, Stephanie Baker, citada por el «New york Times», la grave situación se debe al deterioro de las condiciones de seguridad. Ella indicó que los ataques contra los trabajadores a cargo de la ayuda aumentaron en un 150% y que los civiles siguen siendo desplazados por ataques de diferentes bandos, lo que ha provocado que 290.000 tuvieran que huir de sus tierras tan solo en este año. Como siempre, los funcionarios sudaneses sostuvieron que la versión de las Naciones Unidas es exagerada y que la vida en Darfur había mejorado recientemente. Mientras no se encuentre una solución política, nadie vislumbra una mejoría sustancial de la situación. El enviado de las Naciones Unidas, Jan Eliasson, y su contraparte de la Unión Africana, Salim Ahmed Salim, han tenido poco éxito en sus intentos de ampliar un acuerdo obtenido alcanzado en octubre en Sirte, Libia, entre el gobierno de Sudán y grupos rebeldes menores. Dos de los principales grupos rebeldes: el Movimiento de Justicia e Igualdad (Jem), liderado por Khalil Ibrahim, y la facción mayoritaria del Movimiento de Liberación de Sudán (SLM) rechazaron participar en las negociaciones mientras el gobierno prosiga con sus operaciones militares en Darfur. La guerra estalló en febrero de 2003 cuando los rebeldes se alzaron contra el gobierno islámico de Khartum, exigiendo el fin de la marginación económica y política de su región. El presidente sudanés Omar al-Bashir respondió dando mano libre a la temida milicia de los Janjaweed para derrotar a los rebeldes. La mayor parte de las matanzas, violaciones y destrucción masiva de aldeas fue perpetrada por esta milicia, con apoyo no demasiado velado de tropas sudanesas.
Según cifras de las Naciones Unidas, más de 2.2 millones de personas fueron desplazadas y más de 200.000 murieron. La intervención de una fuerza de 7000 hombres de la Unión Africana resultó totalmente insuficiente para detener los combates y los ataques a la población civil.
El 31 de julio, una resolución de las Naciones Unidas autorizó la creación de una fuerza conjunta para reemplazar al contingente africano, pero el gobierno sudanés ha creado toda clase de dificultades para su despliegue y funcionamiento. El 19 de diciembre pasado, 35 organizaciones humanitarias reclamaron al gobierno sudanés que deje de poner obstáculos a la fuerza conjunta a formarse con soldados de la Unión Africana y las Naciones Unidas. Según «Human Rights Watch», que dio a conocer el informe, Sudán ha rechazado a tropas de Nepal, Tailandia y países escandinavos y exigió la libertad de coartar los movimientos de los soldados internacionales… cuando interfieran con acciones «de seguridad» de sus propias tropas. Según un despacho de la agencia France Presse desde Khartum, el despliegue de la fuerza internacional, conocida como Unamid, lleva varios meses de retraso y además de los problemas políticos hay problemas de equipamiento. Sólo un tercio de la fuerza podrá entrar en funciones el 1 de enero de 2008 cuando se inicie su mandato según su comandante general Martin Luther Agwai. En el mejor de los casos habrá 9.000 efectivos, de los cuales 6.200 son tropas de la Unión Africana, ya desplegadas en Darfur. Asimismo, los organizadores de la fuerza han tenido dificultades en obtener helicópteros que son esenciales para su funcionamiento. Pero aún en caso de que finalmente los 27.000 soldados previstos por las Naciones Unidas estén perfectamente desplegados y pertrechados, hay dudas de que su intervención sea eficaz para poner fin a los excesos, tanto de las fuerzas que responden al gobierno como a algunos grupos rebeldes que de hecho se transformaron en bandidos no más escrupulosos que los «Janjaweed».
Expertos citados por la BBC sostienen que el contingente internacional será demasiado pequeño para cubrir una región del tamaño de Francia.
Muchos observadores tienen dudas de que los abusos de los Derechos Humanos que algunos definen como genocidio vayan a terminar mientras la comunidad internacional no se muestre más firme con el gobierno de Sudán. Uno de los escépticos fue el enviado especial de los Estados Unidos para Sudán, Andrew Natsios, quien acaba de renunciar a su cargo.
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