Hamas versus Fatah. La lucha por el control del territorio y el poder

Una guerra interna

El pasado 10 de junio, el mecánico Faisal Hamid y el cocinero Mohamed Swerky –quienes trabajaban para la Guardia Presidencial de la Autoridad Nacional Palestina (conocida como Fuerza 17)– llevaban comida para un grupo de compañeros que se encontraba en la torre de Bacri, un edificio de viviendas de Gaza.

Debido a los controles que impone el ejército israelí en los territorios palestinos, los dos hombres se equivocaron de edificio: llegaron a la torre Ghifari. Ahí se encontraban varios miembros de Hamas, organización opositora al presidente Mahmoud Abbas y a la organización que éste lidera, Al Fatah.

Hamid relato: «Cuando (los integrantes de Hamas) abrieron la puerta, les dijimos que éramos de la Fuerza 17. Nos apresaron, nos maniataron y nos taparon los ojos mientras nos subían por las escaleras (…) Vestían de negro y estaban encapuchados».

Los interrogaron durante horas. Les exigieron nombre y teléfonos de oficiales de la Fuerza 17. «Les dije que no sabía nada, que era sólo un mecánico y que mi tarea era reparar automóviles. Mohamed les explicó que era cocinero. No estábamos involucrados en nada relacionado con las tareas de seguridad».

Poco después, separaron a los dos palestinos. «Hacia las cuatro o cinco de la tarde, escuché gritos. El grupo de Hamas regresó y me dijo que Mohamed había caído del techo. Poco después, me dejaron salir. El cuerpo de Mohamed estaba tirado en la calle, maniatado y con sus ojos tapados. Tenía sólo 26 años, estaba casado, con hijos», agregó Hamid.

Cuando la noticia de la muerte de Swerky llegó a los cuarteles de Al Fatah, varios de sus efectivos rodearon el domicilio del doctor Ala al Rifati, director de la Facultad de Economía de la Universidad Islámica de Gaza, y secuestraron a su hermano, Mohamed de 35 años, y a Imán, que simpatizaba con Hamas. Su cuerpo apareció acribillado pocas horas después muy cerca del cuartel de las fuerzas de seguridad de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en el barrio de Ansar, en Gaza. Al día siguiente, lunes 11 de junio, varios encapuchados plagiaron a Husan Abu Qinas cuando viajaba en un taxi en el barrio de Khan Yunis, también en la ciudad de Gaza. Lo maniataron y subieron a un jeep perteneciente a la Fuerza 17 que lo trasladó a la torre Mhanna. Lo arrojaron desde lo alto de este edificio. Su cadáver quedó tendido en la calle, baleado y con los ojos vendados.

Al Fatah vengó con estos dos últimos asesinatos la muerte de Mohamed Swerky. Ello a pesar de que Abu Qinas –obrero de 35 años que trabajaba en el sector de la construcción y esperaba el nacimiento de su primer hijo– no simpatizaba con Hamas.

A partir de testimonio de víctimas de violaciones de derechos humanos, la organización Amnistía Internacional (AI) realizó un informe sobre la guerra interna en Palestina que encabezan Hamas y Al Fatah. Su título es explícito: Territorios palestinos ocupados: desgarrados por la lucha entre facciones.

El documento de Al refiere que la confrontación se desató en 2006 y que fue especialmente cruenta en junio pasado, cuando Hamas tomó el control de la Franja de Gaza. A pesar de que Hamas y Al Fatah lograron una tregua que amainó la violencia, el conflicto se mantiene, señala en entrevista con Proceso Donatella Rovera, autora del informe de Al que acaba de regresar de los territorios palestinos. Hasta octubre pasado, el saldo era de 350 muertos y cientos de heridos. El documento de Al –de 54 páginas, presentado en Londres el pasado 24 de octubre– acusa a Hamas de realizar detenciones arbitrarias, de cometer homicidios y de torturar a sus opositores. También la hace responsable de permitir que sus hombres armados ataquen a manifestantes pacíficos y a periodistas. Asimismo, señala que en Cisjordania –controlada por Al Fatah– elementos de esta organización y de las Fuerzas de seguridad leales al presidente de la ANP, Mahmoud Abbas, han detenido arbitrariamente a más de mil seguidores de Hamas, la mayoría de los cuales «no han sido acusados de delito alguno». Enfatiza que ello «contrasta» con la actitud permisiva que la ANP adopta con respecto a miembros de Al Fatah y de su brazo armado.

 

BATALLAS  CAMPALES

El informe de Al registra más de 20 casos de asesinatos, torturas y otros abusos cometidos por Hamas y Al Fatah. También menciona «batallas campales» que han sostenido militantes y simpatizantes de estas organizaciones en barrios de Gaza o alrededor de casas de miembros prominentes de los servicios de seguridad de la ANP, de Al Fatah o de las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa.

Al respecto, puntualiza que los palestinos que participan en estas confrontaciones –las cuales duran horas– utilizan rifles, pistolas, granadas de mano y otras armas de fuego que ponen en peligro la vida de personas no involucradas en el conflicto y amenazan con desgarrar el tejido social de la comunidad palestina.

Hya, prosigue, casos de personas que después de estos combates fueron secuestradas y asesinadas.

Algunas de ellas fueron detenidas cuando intentaban huir de las colisiones callejeras; otras fueron asesinadas después de «juicios sumarios».

El reporte de Al cita el testimonio de una persona –cuyo nombre omite– que fue miembro de la familia de Jamal Abu Jedian (conocido también como Abu Maher), secretario general de Al Fatah en el norte de Gaza, coronel de la Fuerza 17, comandante de las Brigadas Al Aqsa y amigo de Mohamed Dahlan, exjefe de las Fuerzas de Seguridad Preventiva, así como del presidente Abbas. !=Dicha nota describe el choque armado entre efectivos de la Fuerza del Ejecutivo de Hamas e integrantes Fatah.

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