OPINION INTERNACIONAL

El cupable es Musharraf

Y más allá de las forzadas declaraciones de Bush, cabe recordar que Musharraf es su aliado privilegiado en la región, y que lo mantiene en el poder desde que dio el golpe de Estado de octubre de 1999 derrocando el gobierno civil de Nawaz Sharif, mediante inyecciones de miles de millones de dólares de ayuda militar. Pakistán, el primer país con armas nucleares gobernado por un militar, que realizó detonaciones con misiles tierra-tierra y de alcance medio capaces de transportar cabezas nucleares, es el mayor receptor de ayuda militar de EEUU después de Israel.

Los ejecutores directos del magnicidio (que segó además otras 16 vidas) no se descubrirán nunca, como no se descubrieron los autores del bestial atentado con 139 muertos que recibió a Benazir el 18 de octubre, apenas regresada al país del exilio desde 1999 para participar en la campaña hacia los comicios del 8 de enero que la daban como segura vencedora.

La clave está en el siguiente hecho.

Musharraf se negó a proporcionarle a Benazir ninguno de los medios especiales de seguridad que ésta solicitó y que le correspondían por la tensa situación del país y por los cargos que había desempeñado (primera ministra de 1998 a 1990 y de 1993 a 1996).

Todos los datos están explicitados en un correo que Benazir envió a su colaborador Mark Siegel, actualmente en EEUU y que éste reveló ante la CNN. Decía que había pedido un sistema especial de seguridad consistente en varios vehículos de protección policial, un auto con vidrios oscuros para desplazarse y otros elementos imprescindibles.

Todo, absolutamente todo le fue denegado por Musharraf, quien dijo públicamente que no podía garantizar la seguridad de la ex primera ministra, y no se inmutó siquiera después del atentado mayúsculo del 18 de octubre, en que Benazir salvó la vida por milagro.

Es más: el vehículo que debía recogerla al término del concurrido mitin en Rawalpindi no estaba detrás del estrado, como correspondía, sino que para acceder al mismo debió pasar en medio de la multitud. O sea que quedó a merced de los asesinos. Como Itzaj Rabin en Tel Aviv. Otro mitin que simultáneamente realizó Sharif también fue víctima de atentados que causaron cuatro muertes. De ningún modo se puede excusar la responsabilidad del gobierno.

Ya lo había hecho Benazir el 18 de octubre, en que acusó a los «altos miembros del poder y de los servicios de inteligencia».

Y cuando el 3 de noviembre Musharraf implantó el «estado de excepción», Benazir dijo que ello equivalía a «un segundo golpe de Estado». Ahora le hicieron pagar con su vida estas certeras denuncias. La indignación recorre todo el mundo y en forma muy acentuada Pakistán, con la particularidad de que todos acusan a Musharraf por el múltiple crimen y reclaman su renuncia.

Ya en el mitin mismo, en las horas siguientes en las ciudades, ayer en el entierro y por parte de los candidatos a las elecciones del 8 de enero (que sin duda serán pospuestas).

Después del golpe de 1999 Musharraf se hizo nombrar presidente en junio 2001 y conservó el comando del ejército en forma indefinida. En abril 2002, mediante un referéndum fraudulento en que apareció con el 97% de los votos, prorrogó su mandato 5 años más.

El 6 de octubre de este año montó otra farsa electoral (por sufragio indirecto) por la cual se mantuvo en los dos cargos.

El 3 de noviembre decretó el «estado de excepción», suprimió la Constitución, instaló la represión en toda la línea, particularmente contra el Poder Judicial, a fin de validar esa elección tramposa.

Mantuvo hasta último momento la comandancia del ejército para asegurarse una sucesión dócil.

Ahora pretenderá utilizar la situación creada para perpetuarse en el poder sin oposición a la vista. Y siempre, más allá de las apariencias, con el respaldo de EEUU.

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