El regreso de Felipe González
Fue el broche de la última reunión bajo la presidencia portuguesa, justamente luego de haber firmado el 13 de diciembre el Tratado de Lisboa, que
reforma las instituciones de la UE para hacerlas más funcionales, después de la espectacular ampliación de 2004, de 15 a 25 miembros (hoy 27). El grupo deberá presentar su informe en junio de 2010, con su visión sobre los retos que la UE enfrentará hacia 2020 y 2030.
La UE ha encargado la presidencia de este grupo al ex presidente del gobierno español Felipe González (1982-1996). La tarea (basada en una idea protagónica del presidente francés Nicolás Sarkozy) no va a ser fácil. Ya se enfrenta al escepticismo de los observadores, la reticencia de los líderes de las instituciones, celosas de sus prerrogativas, y la oposición de algunos dirigentes, desconfiados del origen francés.
¿Por qué González, el líder más destacado del Partido Socialista Español (PSOE) en toda su historia, se arriesga a enfrentar una tarea ingrata, arriesgada, y de dudoso éxito? ¿Por qué decide ahora salir de su confortable pre-jubilación, acolchado por generosas compensaciones derivadas de consultorías y conferencias en dos continentes? La respuesta a estas preguntas reside en la personalidad del propio González. La clave es su innata inclinación al riesgo y su firme convicción en asumir una misión en la que sinceramente cree y que merece su atención.
Un atisbo del regreso de González al ejercicio de misiones especiales lo dio cuando el actual presidente Zapatero lo nombró embajador extraordinario, encargado de los programas de conmemoración de las sucesivas independencias de los países hispanoamericanos, comenzando el 2010, doscientos años después del inicio de la emancipación.
El proyecto corre el riesgo de la más que probable manipulación de la huella de España por parte de los nuevos gobiernos populistas.
El enfrentamiento con el Presidente venezolano Chávez es solamente un aperitivo de lo que se espera.
Ahora Felipe González deberá añadir otra función más especial y con más riesgo.
La tarea de presidir el grupo de reflexión no es la primera misión costosa, ni tampoco será la última. Toda la historia política de González esta repleta de retos, riesgos, y éxitos. La única excepción fue la derrota en las elecciones de 1996, ganadas por José María Aznar. Entonces el líder del PSOE decidió retirarse a un oscuro escaño de diputado en el Congreso, que dejó en 2004.
El primer reto aceptado por González en su larga carrera fue capturar el histórico PSOE, en la época de la transición todavía dominada por el núcleo de exilio.
El segundo fue dimitir en un congreso extraordinario celebrado en 1979 (para coincidir con el centenario del partido), por haberse negado la mayoría del partido a despojarse de la etiqueta marxista.
Ganó en su apuesta y ancló al PSOE en la órbita de los partidos socialdemócratas europeos, liderados por el alemán que se había transfigurado bajo Willy Brandt (su protector) en Bad Godesborg, vecina a Bonn.
El tercer éxito fue ganar en 1986 el referéndum para la permanencia de España en la OTAN, en la que su antecesor Leopoldo Calvo Sotelo había ingresado en 1982 para neutralizar a los militares que dieron el susto del intento de golpe de estado ejecutado por Tejero en 1981.
Luego llegó el premio mayor del ingreso en la Comunidad Europea en 1986, a la que ayudó a transformarse en la Unión Europea, en compañía de Helmut Kohl y François Mitterrand, en el contexto de los Juegos Olímpicos de 1992 celebrados en Barcelona. España no había estado a
mayor altura en toda su historia moderna.
Derrotado por el PP, el antiguo «Isidoro» de la clandestinidad, se retiro silencioso, sin rencor. Jamás profirió una sola frase de resentimiento contra su sucesor, Aznar, y mucho menos en declaraciones efectuadas en el extranjero.
Significativamente, éste se ha dedicado a dar conferencias a ambos lados del Atlántico en las que critica abiertamente la política de su correspondiente sucesor, con la resultante estupefacción de los políticos y observadores anglosajones, donde ese comportamiento es tabú. La UE recompensa ahora a González con este honor y esta difícil labor (Exclusivo de IPS).
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