Irak: en Faluya ocupan las ondas para alejar el odio
En los últimos meses, dos estaciones de radio y una de televisión, fruto de iniciativas locales, comenzaron a emitir en esta ciudad, situada al oeste de Bagdad y conocida antes de la invasión estadounidense de marzo de 2003 por un fervor religioso que le valió el sobrenombre de «ciudad de las mezquitas».
Hoy muchos minaretes conservan aún restos de los enfrentamientos de 2004, que redujeron la ciudad a un campo de ruinas. Muchos de sus habitantes huidos aún no regresaron.
No obstante, aquellos que se reinstalaron bajo la vigilante mirada del ejército estadounidense pueden escuchar a través de las ondas mensajes de conciliación en contraste con las llamadas a la insurrección que hace tiempo convirtieron a la ciudad en bastión de la resistencia.
«Trabajamos para tratar de distraer a los habitantes de la cultura de la violencia», explica a la AFP Ali Hadi, director de la emisora La Voz de Faluya Libre.
«Nosotros somos la voz de los habitantes de Faluya porque comprendemos sus problemas e intentamos ayudar a resolverlos», añade.
Los doce empleados de la emisora, entre los que se encuentran cuatro mujeres, son habitantes de la ciudad y aseguran siete horas de programación diaria desde su pequeño estudio instalado en un barrio del centro.
Faluya, siempre reacia al poder central incluso en la época de Saddam Hussein, se convirtió en símbolo de la hostilidad a la intervención estadounidense cuando cuatro empleados extranjeros de una empresa privada de seguridad fueron linchados y colgados por una multitud encolerizada en marzo de 2004.
El ejército norteamericano recuperó en noviembre de 2004 el control de la ciudad, convertida en feudo de los extremistas de Al Qaida en Irak, al precio de una batalla que destruyó 60% de las casas.
Desde el verano (boreal) de 2007, la movilización de tribus sunitas contra Al Qaida -realizada con dinero estadounidense- permitió restablecer la calma en el oeste de Irak, algo que los habitantes de Faluya intentan preservar.
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