Presidente cubano. En una carta dice que su rol será el de guía y guardián de la revolución

Castro sugiere que dejaría el gobierno a otros líderes

Castro, de 81 años y al mando de la isla desde el 1º de enero de 1959, sorprendió la noche del lunes perfilando su futuro político, en un mensaje leído por un locutor en la televisión y publicado este martes en los diarios Granma y Juventud Rebelde, bajo su firma de puño y letra.

«Mi deber elemental no es aferrarme a cargos, ni mucho menos obstruir el paso a personas más jóvenes, sino aportar experiencias e ideas cuyo modesto valor proviene de la época excepcional que me tocó vivir», dijo en la misiva.

La carta, dedicada casi por entero a la Conferencia de Bali sobre cambio climático, es rematada no obstante con una frase lapidaria: «Hay que ser consecuente hasta el final». La misiva es divulgada dos semanas después de ser nominado candidato para los comicios parlamentarios del 20 de enero, lo que lo habilita a la reelección como presidente del Consejo de Estado ­máximo órgano del Ejecutivo­, que será definido en marzo.

Su mensaje levantó entonces todo tipo de conjeturas en torno a la interrogante de si retomará algún día los cargos que le cedió provisionalmente a su hermano Raúl el 31 de julio de 2006, tras la primera de varias cirugías por una crisis intestinal que casi le causó la muerte.

«Está claro que no va a volver», dijo a la AFP una oficinista de 41 años, tras escuchar el mensaje desde su casa en Miramar. En otro extremo, en el barrio de la Lisa un historiador de 55 años dijo sin la menor duda: «Se queda».

La oposición también mostró divergencias. La más radical, Martha Beatriz Roque, no ve ningún cambio porque «si no tuviera interés de renovar su cargo, no lo hubieran postulado», mientras que el moderado Oscar Espinosa interpretó que «quedará como asesor y símbolo de la revolución».

«Dudo muchísimo que piense en transferir su enorme poder unipersonal a otros dirigentes más jóvenes, porque actúa como si hubiera nacido para mandar. Las ideas políticas sin un poder para ejecutarlas no tienen valor», dijo el opositor Elizardo Sánchez.

Para observadores internacionales Castro dará fe de su convicción de que «los revolucionarios no se jubilan jamás», asumiendo un rol honorífico de «emérito estadista», pero con peso en las decisiones de la nueva dirigencia del país.

Una reelección formal como presidente sin funciones plenas fue perfilada por el vicepresidente Carlos Lage y el jefe del Parlamento, Ricardo Alarcón, el 2 de diciembre, cuando se definieron las nominaciones para los comicios.

«Votaría con las dos manos para que siga siendo el presidente», dijo Alarcón, al admitir una continuidad de la situación actual; pero Lage fue más allá y señaló que «Fidel está trabajando como presidente del Consejo de Estado», en una tarea «de hacer conciencia».

Desde el 29 de marzo y sin ser visto en público en su larga convalecencia ­sólo en fotos y videos­, Castro publica «reflexiones» en las que alerta de problemas mundiales. Pero esta vez reconoció la compleja situación del país: «Mi más profunda convicción es que las respuestas a los problemas actuales de la sociedad cubana (…) requieren más variantes de respuesta para cada problema concreto que las contenidas en un tablero de ajedrez».

Gobernando colegiadamente con el resto de los 31 miembros del Consejo de Estado y el Buró Político del Partido Comunista, Raúl promovió un debate para atacar los principales problemas del país y anunció cambios económicos pero en el socialismo, despertando expectativas en la población.

De 76 años, Raúl se declaró, desde que tomó el lugar de su hermano, abierto a darle paso a las nuevas generaciones, cuyas cabezas más visibles en este año y medio han sido Lage, de 56 años, y el canciller Felipe Pérez Roque, de 42.

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