Uribe, El Desalmado
Son palabras textuales, en este contexto: «Uribe ha sido muy desalmado con nosotros. El dijo que tenía corazón y yo lo estuve esperando seis años», y agregó que estaba anteponiendo condiciones políticas a los sufrimientos de los colombianos.
La señora llegó a Buenos Aires acompañando a la senadora colombiana Piedad Córdoba (que realizó enormes esfuerzos por concretar el intercambio humanitario, junto con el presidente Chávez), invitadas por Cristina Fernández, la flamante presidenta que ayer inició su período de gobierno. Se entrevistó el domingo con el canciller argentino Jorge Taiana y luego con gobernantes que asistieron a la toma de posesión. Horas antes la vimos junto a su nieto Lorenzo pidiéndole ayuda a Marulanda con lágrimas en los ojos.
En las últimas horas Uribe difundió urbi e orbi una propuesta que según él tendía a resolver el problema del intercambio humanitario atendiendo lo que es a esta altura un reclamo no sólo de la sociedad colombiana sino universal. Pero es fácil demostrar que es puro papel pintado, una maniobra propagandística sin contenido.
En primer lugar prometió que, atendiendo a una iniciativa de la iglesia católica, se iba a crear una zona de encuentro desmilitarizada de unos 150 km 2 situada en el medio rural para proceder a los intercambios, donde solo se harían presentes delegados de la iglesia, el comisionado para la paz (Luis Carlos Restrepo) y eventualmente la Cruz Roja, sin ninguna participación de los gobiernos extranjeros que han ofrecido sus buenos oficios (y que a esta altura son muchos). Un vocero de las Farc hizo notar que esta es una propuesta reciclada de la que viene proponiendo la guerrilla desde hace dos años, con indicación incluso de las áreas a desmilitarizar, a saber, los municipios de Pradera y Florida. Uribe no menciona ninguna zona. Incluso el diario bogotano El Tiempo (que pertenece a la familia Santos, de la que forman parte el vicepresidente y el ministro de Defensa) señala que esa propuesta de Uribe significa «desmontar en parte los inamovibles (o sea, las condiciones en que nunca habría de transar) mantenidas por el presidente durante años».
Pero lo que revela hasta el fondo el real contenido de la fórmula lanzada con estruendo mediático por el presidente es que está acompañada del anuncio del gobierno de que destinará un fondo de 100 millones de dólares para pagar recompensas a guerrilleros que decidan desertar y llevar consigo a detenidos en su poder. Aquí ya se llega a los límites de la impudicia. Colombianos que se expresan en cartas de lectores opinan que esto significa colocar «un petardo» en el acuerdo, y acusan a Uribe y al ministro de Defensa Juan Manuel Santos. No se quiere en suma que haya intercambio humanitario de ningún tipo.
Por eso se hizo a un lado a los gobiernos extranjeros comprometidos con esta noble causa. Se les relega al papel de simples observadores. A Chávez y a la senadora Piedad Córdoba los sacaron de en medio en forma abrupta, a pesar de que habían avanzado considerablemente en las gestiones, con tenacidad y denuedo. En relación con el presidente Sarkozy, comprometido en la liberación de Ingrid Betancourt, se supo que dos emisarios suyos se contactaron con las Farc (esto también puede leerse en El Tiempo), del mismo modo que antes otros enviados franceses habían entrevistado con Chávez en Caracas. Entre los demás presidentes que ofrecieron sus buenos oficios, a solicitud o por iniciativa propia, se cuenta a esta altura a Daniel Ortega, Lula y también Kirchner, como se vio en la reunión de Buenos Aires.
La conclusión es la que emerge del título.
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