Argentina. La nueva presidenta quiere construir una nueva dirigencia política, "sin próceres de mármol y sin frivolidad"

La nueva cara moderna del peronismo

Cristina Fernández de Kirchner, de 54 años, es la primera mujer electa por voto popular en Argentina, al obtener 45,2% de los votos en los comicios de octubre, casi el doble que su contrincante, la socialcristiana Elisa Carrió.

Esta política de larga trayectoria parlamentaria, que acaba de dejar una banca en el Senado, toma el mando del país de manos de su esposo, el saliente presidente Néstor Kirchner, en un hecho inédito en el país y sin antecedentes que se recuerden en la historia contemporánea.

«Aspiranos a construir una nueva dirigencia en la República Argentina, no de próceres de mármol, pero tampoco de la frivolidad que nos envolvió en los 90″, decía ‘Cristina’ en 2003, cuando su esposo iniciaba su mandato en medio de la peor crisis en el país.

Cuatro años más tarde, la temperamental Cristina Kirchner prefirió eludir durante la campaña la ruidosa y tradicional liturgia peronista, para realizar ordenados actos donde se escuchan sus consistentes discursos improvisados.

La figura cuidada de la primera mandataria se contrapone a la imagen informal y hasta desaliñada de Néstor Kirchner más proclive a los gestos hoscos frente a la estudiada diplomacia de su esposa.

Admiradora confesa de la presidenciable demócrata estadounidense Hillary Clinton y amiga de la mandataria chilena Michelle Bachelet, Cristina no reniega de su condición femenina la que exalta en un recargado arreglo personal que sus detractores critican.

En su primer discurso tras ganar las elecciones de octubre, ‘Cristina’, como la llaman sus seguidores, instó a las mujeres –sus ‘hermanas de género’, dice– y a los jóvenes a acompañarla durante su mandato que culminará el 10 de diciembre de 2011.

Admiradora de Eva Duarte de Perón, Cristina se confiesa más cerca de la mítica Evita «con el puño crispado en alto», que de la frágil y bella mujer que deslumbró con su figura y sus trajes de alta costura a la aristocracia europea.

Militante de la combativa juventud peronista en la década del 70, desarrolló en aquellos días una brillante carrera en la pública Universidad de La Plata, donde se recibió de abogada.

Fue en esa ciudad enclavada en su ciudad natal, 60 km al sur de Buenos Aires, donde conoció a su esposo, con quien se casó en 1975.

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