Los colaboradores del presidente venezolano, Hugo Chávez

Militares en el gobierno

Daniel Flynn – Caracas, Reuters

Casi dos años después de que ganara cómodamente, gracias al descontento popular por la corrupción rampante y la pobreza, el ex paracaidista del Ejército tiene más soldados en su gobierno que cualquier otro presidente desde 1958, cuando fue derrocado el último dictador militar que tuvo Venezuela.

Y muchos venezolanos, acostumbrados a vivir en una de las democracias más antiguas de América Latina, pero conscientes de que ha sufrido dos intentos de golpe en la última década, están preocupados.

El uniforme militar se ha convertido en emblema en los 21 meses del gobierno de Chávez, desde el traje de campaña con boina roja que suele usar el presidente hasta los miles de soldados uniformados trabajando en mercados populares, conduciendo autobuses y reconstruyendo escuelas.

Chávez, quien pasó dos años en prisión después de liderar un fallido golpe de Estado en 1992, también ha designado a militares como ministros y en altos cargos del gobierno.

Para la fragmentada oposición, la militarización del gobierno obliga a la Fuerza Armada a tomar parte activa en la amarga batalla política y debilita su papel como garante de la democracia que ha tenido por cuatro décadas.

«Podría amenazar no solamente el juego democrático, sino también la imagen del gobierno en el exterior y la unidad de la Fuerza Armada», dijo Alfredo Keller, un respetado analista local y presidente de una encuestadora.

Ruidos de descontento dentro de la orgullosa Fuerza Armada precedieron a las elecciones presidenciales de julio, cuando algunos militares reclamaron a Chávez haberlos decepcionado con su retórica izquierdista y al convertir sus espadas en arados.

Después de marginar a las clases que gobernaron a Venezuela con su encendida retórica antisistema, «el Comandante», como acostumbra ser llamado, parece tener pocos aliados entre la clase media y alta para enfrentar la crisis social del país.

«El gobierno tiene la obligación de atacar con urgencia la emergencia social, pero necesita gente», dijo el historiador Samuel Moncada, para quien contar con militares «es una medida casi desesperada» para compensar la carencia de apoyo que ha recibido de las clases profesionales.

¿Militar por siempre?

Desde que salió de prisión en 1994, el partido que fundó con su inspiración militar –el Movimiento V República– ha florecido como el principal en el país y domina las oficinas públicas en el tercer exportador mundial de petróleo.

Chávez, quien describió al ya fallecido hombre fuerte de Panamá en la década de 1970, el general Omar Torrijos, como su «ídolo», ha usado a la Fuerza Armada como centro de su lucha para mejorar el nivel de vida de los 24 millones de venezolanos, la mayoría de los cuales son pobres.

«Soy un militar, es parte de mi esencia (…) y eso influye en mi estilo», dijo Chávez, de 46 años y quien entró a la Fuerza Armada a los 16.

En su lucha por enfrentar una de las burocracias más corruptas de América Latina, Chávez ha acelerado la designación de militares en altos puestos de la administración pública. Para sus seguidores, el mando militar es una forma cómoda para que se libre de los tribunales ineficientes y corruptos y destituya a funcionarios sospechosos de cometer chanchullos.

Un gobierno con disciplina militar preserva algún encanto popular en medio de la percepción generalizada de que Venezuela es una rica nación petrolera arruinada por la corrupción.

Según Keller, 45 por ciento de los venezolanos, fundamentalmente entre la clase pobre, apoya el nombramiento de militares en posiciones clave en el gobierno.

Para el historiador Samuel Moncada, «en la historia de América Latina, la Fuerza Armada ha sido como una fuerza de ocupación que ha mantenido el orden contra los enemigos internos (…) pero Chávez está tratando de decir que ellas no son para reprimir, son para ayudar».

Pero, en un continente psicológicamente atemorizado por décadas de dictaduras militares, el ascenso castrense en Venezuela ha puesto a sonar las campanadas de alerta, particularmente en caso de que Chávez pudiese comenzar a perder el respaldo popular.

Instituciones débiles

Mientras Chávez mantiene un impecable récord de triunfos en las urnas electorales –desde que asumió la presidencia convocó tres referendos nacionales–, su politización de la fuerza militar tipifica su menoscabo por muchas instituciones democráticas, según críticos y opositores.

Con una legislatura servil y un Tribunal Supremo de Justicia escogido a dedo por su gobierno, Chávez goza de una libertad política casi sin freno.

El fogoso populista ha alarmado a muchos venezolanos debido a los fuertes ataques contra críticas publicadas por medios de comunicación y a sus promesas de acabar, a través de un referendo, con los sindicatos controlados por la oposición.

Con la nueva Constitución aprobada en diciembre pasado, Chávez le aseguró beligerancia política a la Fuerza Armada al permitir que votaran sus 90.000 miembros activos. También aumentó su control sobre las milicias al quitarle al Parlamento el veto para promover oficiales.

Manuel Sierra, editor del semanario Primicia, dijo que observa una «tendencia caudillista» en el dominio que tiene Chávez sobre el poder, expresada a través del control emocional de las empobrecidas masas del país.

Para algunos, puede significar un precedente alarmante en momentos en los que otras democracias de la región andina están pasando sus respectivas pruebas, con una guerra civil cada día más sangrienta en Colombia y voces populares que exigen la renuncia del presidente peruano Alberto Fujimori.

«Un gobierno militar exitoso, o con poder financiero debido al petróleo, podría crear ilusiones en América Latina, y regresar el péndulo a los conflictos civiles de los años 60″, según Keller.

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