"Bombas sucias"

Fácil de fabricar y capaz de causar un pánico atroz: las «bombas sucias», una mezcla de explosivo convencional y material radiactivo, son una de las armas más temibles del actual arsenal terrorista, según expertos interrogados por la AFP.

El medio kilo de uranio enriquecido en polvo incautado el miércoles a tres traficantes en la frontera entre Eslovaquia y Hungría habría podido ser usado en artefactos de ese tipo que, de haber sido usados, habrían creado un fuerte impacto en la opinión pública internacional, aseguraron.

Para evitar que esto se haga realidad, las policías eslovaca y húngara anunciaron el viernes que necesitarán varios meses para dilucidar el tráfico descubierto, que condujo a la detención de tres personas y la incautación de 481,4 gramos de uranio enriquecido por valor de 1,6 millones de dólares.

«El interés de una bomba sucia o radiológica es causar miedo. También es causar dolor, como todo atentado, pero lo que está en juego es, sobre todo, aterrorizar», explica Marc Lemaire, médico del servicio de bomberos francés y especialista nuclear, radiológico, biológico y químico (NRBC).

«Lo importante es trastornar a la gente (…) y crear un pánico monstruoso», añade Lemaire, que también es co-autor de un libro titulado «De la amenaza terrorista al tratamiento de las víctimas».

Las «bombas sucias» o «bombas radiológicas» no son bombas nucleares. Cuando estallan causan graves daños económicos, mucho pánico y hacen que el lugar donde explosionaron quede contaminado y, por tanto, inutilizable.

La materia radiactiva que contienen no tiene poder de destrucción por sí mismo pero cuando se detecta la contaminación, incluso si es débil o si la zona afectada es muy pequeña o delimitada, se desata una auténtica oleada de pánico, destacan los especialistas.

Además, a largo plazo, zonas enteras resultarán contaminadas por esa radiación, quedando obligatoriamente desiertas, incluso durante decenios.

Por el momento, ningún grupo terrorista ha usado una «bomba sucia». Por eso, «nadie sabe su eficacia real a ciencia cierta», precisa Georges Le Guelte, investigador del Instituto de Investigaciones Internacionales y Estratégicas de París (IRIS).

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