Nadie duerme

Jan Yunes, Franja de Gaza

En las casas del campamento de refugiados de Jan Yunes, al alcance de los disparos de los fortines militares israelíes, la gente ha olvidado lo que quiere decir la palabra dormir.

Cada noche, hacia las 20H00, el sonido de las armas automáticas perturba la vida del campamento, apenas recuperado de los enfrentamientos de la jornada entre jóvenes palestinos y soldados isaelíes. «Los israelíes disparan toda la noche ráfagas sin apuntar, al azar», asegura Rana Sahlul, al mostrar su habitación. Señala un agujero de bala en la ventana y otros, que dejó el proyectil, a través de las cortinas, en la puerta de su armario y en el muro.

«La bala pasó a cincuenta centímetros por encima de mi cama cuando estaba acostada», cuenta. «Desde entonces, ya no me atrevo a dormir aquí, me voy a casa de mi madre», explica.

En ese barrio miserable, los niños casi pelean por enseñar al periodista «los impactos de balas israelíes». Un muro lleno de agujeros por aquí, ventanas perforadas por allí, una cisterna de agua agujereada, un techo destrozado o incluso prendas de vestir hechas pedazos en los armarios. «La última oración es mi última salida de la jornada», asegura Abu Aker.

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