Democracia… pero sin exagerar

El reino de Jordania celebró el martes pasado sus elecciones parlamentarias. Como lo señaló el periodista Thanassis Cambanis en el «New York Times» del 11 de noviembre, las elecciones debían ser otro paso decisivo en el lento pero seguro avance hacia el cambio democrático. Pero la victoria electoral de Hamas en la Autoridad Palestina y su violenta toma del poder en Gaza arrojaron una pesada sombra sobre Jordania, donde el monarca hashemita mantiene un fuerte control autoritario sobre la inquieta mayoría palestina y una activa oposición islamista. Como resultado de ello, el gobierno dejó de lado su intención de cambiar la bizantina ley electoral y prohibió a algunos de sus críticos que presenten sus candidaturas.

«Algunos sectores de la élite liberal, que sólo hace dos años reclamaron elecciones libres sin limitaciones de ninguna clase, se identificaron con esa posición gubernamental. Sin embargo, el sistema jordano no sólo impone restricciones a los islamistas, sino también a los partidos liberales y a defensores de los derechos palestinos. Muchos en la oposición acusan al gobierno de utilizar al fantasma del islamismo para justificar el sistema autoritario de gobierno».

El periodista del «Times» cita a un piloto amigo de un político y partidario del gobierno: «Tenemos democracia, pero no queremos ir tan lejos como para permitir que elementos radicales dirijan el país».

Ningún observador informado esperó otra cosa que una elección favorable al rey y al sistema, pese a todas las acusaciones de corrupción, compra de votos y diferencias en la cantidad de votos necesarias para ser electo en la ciudad o en distritos rurales (mientras en la capital un candidato necesitaba 95.000 votos para ser electo en algunas provincias le alcanzaba con 2000 votos).

El jueves 23, dos días después de la elección, el diario oficialista «The Jordan Times» tituló expresivamente «Los islamistas sufrieron un duro golpe en la elección». Según el periodista Mohammad Ben Hussein, el principal partido de oposición, el Frente Islámico de Acción sufrió un duro golpe al reducir su representación parlamentaria a seis mandatos (en el Parlamento anterior tenía 17). Los resultados de la elección por los 110 escaños del Parlamento asimismo señalaron una mejoría de la representación femenina. Por un sistema de cuotas le corresponden seis bancas y obtuvo siete. Otros grupos que tienen cuotas electorales son las minorías cristiana y circasiana.

Según el ministro del Interior jordano, Eid Fayez, las elecciones se realizaron en un clima tranquilo y de manera transparente, si bien reconoció que agentes de seguridad arrestaron a algunas personas por compra de votos. El diario oficialista sostuvo que la representación parlamentaria de los islamistas será la más baja desde que la vida parlamentaria fue renovada dos décadas atrás. Los islamistas no lograron ganar escaños en Zarqa y en Irbid, sus baluartes tradicionales y solo dos de sus candidatos en Amman fueron electos.

El día de la elección la oposición hizo oír en voz alta sus quejas. Según lo dio a conocer la red «Al Jazira» Salem Falahat, líder de la Hermandad Musulmana en Jordania, acusó a las autoridades de hacer la vista gorda ante la compra de votos por parte de influyentes candidatos conservadores. A su juicio «El gobierno no está dispuesto a combatir la corrupción y se niega a admitir que hay una masiva compra de votos que convierte a la gente en esclavos». El oficialista «Jordan Times» que también cubrió la conferencia de prensa opositora, señaló que el Frente Islamista de Acción, ala política de la Hermandad Musulmana, sostuvo que la mayor parte del fraude electoral tuvo lugar en las últimas horas de la votación al agregarse numerosas urnas que no pudieron ser controladas. Más adelante, el periódico oficialista señala que la Alianza Cívica Jordana, que abarca a varias ONG´s que movilizaron a 450 observadores en la elección, llegó a la conclusión de que pese a algunos incidentes menores, la elección se realizó con normalidad y corrección.

Según el analista de la red árabe «Al Jazira», David Chater, todo el sistema electoral está organizado de tal manera que cualquiera sea el resultado de la elección el rey mantiene el apoyo del Parlamento. El sostiene que los islamistas, pese a sus denuncias, de hecho tenían un acuerdo con el rey Abdullah por el cual solo presentaron 22 candidatos para las 110 bancas del Parlamento.

La mayor parte de la campaña electoral tuvo que ver con temas domésticos como la creación de empleos para los jóvenes y el crecimiento de la inflación. Pero algunos candidatos tocaron temas delicados como las relaciones entre los palestinos de la Margen Occidental y de Gaza con los de Jordania. Nadie sabe exactamente cuál es el porcentaje exacto de los palestinos en la población. Según algunas fuentes, los palestinos son una mayoría del 60%, según otras, no llegarían al 40%. La monarquía no tiene interés en que se conozcan las cifras exactas, porque el régimen sigue teniendo su base de poder entre los beduinos y los sectores tribales. Si bien Jordania es el país árabe que ha acogido con mayor generosidad a los palestinos no faltan quejas sobre discriminaciones presuntas o reales. Por ejemplo, Cambanis, el corresponsal del «New York Times» comenta que Najati al Shakshir, un hombre de negocios palestino que hizo su fortuna alquilando coches en Jordania y en Irak, realizó su campaña electoral haciendo hincapié en el reclamo de mayores derechos para los palestinos, como por ejemplo, permitirle el acceso a los cargos más altos en el ejército.

Con ello, la situación de los jordanos es considerablemente mejor que en cualquier otro país árabe. Jordania es de hecho un estado palestino, o al menos beduino-palestino. Esto contrasta con otros países árabes, por ejemplo, el Líbano, donde los palestinos son considerados «un implante» o sea un cuerpo extraño y carecen de algunos derechos elementales. Del mismo modo, en una comparación acerca de las credenciales democráticas entre Jordania y Egipto, la monarquía de Abdullah sale considerablemente mejor parada que la dictadura velada de Hosni Mubarak en el país del Nilo. *

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