La lucha de clases en Francia
En Francia, al cumplir una semana la huelga de los transportes públicos y otros sectores, iniciada el martes 13, se sumaron al movimiento los trabajadores de la función pública, particularmente de la educación, la salud pública, los aeropuertos, y también los gráficos, que realizaron manifestaciones en París y toda Francia y al día siguiente mantenían ocupados decenas de centros universitarios. Estas movilizaciones expresan el rechazo a una reforma regresiva de la seguridad social que pretende imponer Sarkozy a machamartillo, a lo que se agregaron los reclamos de salarios y trabajo. Es la primer gran confrontación del gobierno de Sarkozy con los trabajadores.
El primer gran choque: gobierno vs. trabajadores
La manifestación del martes en París estuvo encabezada por las centrales sindicales con una pancarta que decía: «Juntos por los salarios, el empleo y los servicios públicos». Los más de cinco millones de asalariados del sector público piden mejores sueldos y protestan por la supresión de 22.900 empleos en la función pública, la mitad de ellos en la Educación, previstos por el gobierno para 2008. El paro fue seguido especialmente por los funcionarios de la educación, entre ellos 900.000 docentes. La mayor parte de las universidades francesas estuvieran ocupadas en protesta contra una ley de autonomía que, según las organizaciones estudiantiles y docentes, conducirá a una privatización de la enseñanza superior. Se ha establecido una solidaridad recíproca entre estos movimientos, que cuentan con apoyo mayoritario de la población.
El presidente Sarkozy dijo que «no cederemos, no daremos marcha atrás en las reformas» de la seguridad social, que eliminan los regímenes especiales de pasividades vigentes desde hace décadas para determinados gremios: los del transporte, así como las empresas de energía Electricité de France, EDF, y Gas de France, GDF, así como los de la Comédie Française y la Opera de París. El presidente alega que esas reformas son el primer paso en el programa de «ruptura» que preconizó en la campaña electoral. Por su parte Laurence Parisot, presidenta de la confederación de las grandes patronales (Medef), declaró que la huelga de los transportes representa «una catástrofe económica», que su costo es «probablemente gigantesco» y que forma parte de «una cultura del conflicto» en Francia.
Es en estas condiciones que se inició el miércoles una rueda de negociaciones tripartitas entre las empresas, los sindicatos y el gobierno a través del ministro de Trabajo, Xavier Bertrand. Por la mañana fue el turno de la RATP, que agrupa a los transportes urbanos de París, conversaciones que proseguirán el lunes próximo; y por la tarde de la SCNF, los ferrocarriles del Estado.
La ola del paro general del 18 de octubre
En las últimas horas se anunciaba que funcionaba un metro de cada cuatro, estaba parada más de la mitad de los autobuses y tranvías que administra la RATP y que en las rutas y autopistas hacia la capital se registran unos 258 kilómetros de atascos.
Existe una continuidad entre estas movilizaciones y el paro general que conmocionó a Francia el pasado 18 de octubre. Tal como lo señalamos en nota del día 20 de ese mes («La huelga general en Francia»), la magnitud de ese paro superó todas las expectativas y los registros de la huelga de los transportes de 1995. Para L’Humanité, la participación en la huelga fue un récord. Destacamos entonces que el intento de Sarkozy de elevar el período de cotizaciones para acceder a la pasividad de 37 años medio (como es actualmente) a 40 años, fue enfrentado por cientos de miles de huelguistas y 130 manifestaciones en todo el país. El paro general fue convocado en conjunto por los ocho sindicatos de los transportes, así como por los cinco sindicatos de los metros de la región parisiense y cinco federaciones del sector de la energía. Además de París, la medida afectó a grandes ciudades como Lyon y Marsella y muchas ciudades medianas y pequeñas. La gran manifestación en París de la Place de la République a la Place de la Nation ostentaba carteles de las centrales sindicales CGT (la mayoritaria, con Bernard Thibault como secretario general), FO, CFDT, FSU y los llamados Solidaires. Una ancha faja al frente de la manifestación, en que marchaban los dirigentes de las centrales, resumía sus consignas centrales: «Juntos por salarios, empleos, pasividades, protección social, servicios públicos».
Son las mismas que se mantienen en las movilizaciones de esta semana.
Un libro de Marx y un prólogo de Engels
En el título de esta nota he querido recordar el libro de Marx «Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850″. Es una obra notable, que constituye el primer ensayo del maestro de Treveris de explicar un fragmento de la historia contemporánea aplicando su concepción general, y de exponer el nexo causal interno de los fenómenos políticos. La obra, que partía de las revoluciones europeas de 1848 (año de la publicación el Manifiesto) examinaba sus antecedentes desde la Revolución Francesa de 1789. Ese trabajo no se publicó sino hasta el año 1895 y ello fue obra de Engels, que le agregó un prólogo extremadamente valioso, que tiene vida propia y que incorpora al análisis de la experiencia de la Comuna de París. Allí queda para la historia del movimiento su valoración (también a la luz de la experiencia de los últimos años, después de la muerte de Marx) del sufragio universal, para transformarlo «de medio de engaño que ha sido hasta aquí en instrumento de emancipación», como lo estaban haciendo los trabajadores alemanes. También se encuentra allí la célebre frase de Odilon Barrot en nombre de los «partidos del orden»: «La legalidad nos mata» ( La légalité nous tue)
Marx dice en esa obra que Francia es el país clásico de la lucha de clases. Y ese atributo parece mantenerse en pie. *
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