Incidente en la catedral de la Ciudad de México

Se agrava la relación entre la izquierda y la Iglesia

Durante un mitin de López Obrador en la plaza del Zócalo, en el corazón de la Ciudad de México, las campanas de la Catedral Metropolitana comenzaron a sonar para llamar a misa poco antes del mediodía, lo que fue considerado como una provocación por algunos de los asistentes.

En ese momento tenía la palabra la senadora de izquierda Rosario Ibarra, que tuvo que interrumpir su discurso ante el ruido: «¿Será que las campanas saludan esta convención? ¿O quieren acallar la voz del pueblo? No sé, habrá que averiguarlo», dijo.

A continuación, más de un centenar de los participantes en el mitin irrumpieron en el templo de forma violenta coreando consignas a favor de su líder hasta que terminó el prolongado repique.

El incidente duró cinco minutos, pero en ese lapso los izquierdistas dañaron el mobiliario y empujaron e insultaron a algunos de los feligreses.

«Los agresores entraron abriendo a patadas las puertas, rompieron las vallas de seguridad, hicieron destrozos, rayaron las bancas y agredieron físicamente a los feligreses, lo que causó pánico en los presentes, entre quienes había ancianos, mujeres y niños», denunció la arquidiócesis primada de México en un comunicado.

La reacción no se hizo esperar y la arquidiócesis anunció el cierre indefinido del templo hasta que el ayuntamiento de la capital, en manos del Partido de la Revolución Democrática (PRD), al que pertenece López Obrador, les ofrezca por escrito garantías de seguridad.

«Con dolor y para vergüenza nacional e internacional, cerrará la Catedral Metropolitana de México hasta que las autoridades se comprometan a garantizar la libertad de cultos y la integridad de los fieles que asisten al recinto», dijo la arquidiócesis en su comunicado.

Durante el mitin del domingo, algunos policías locales resguardaban la capital, pero fueron rebasados por los manifestantes y no hicieron nada por evitar el incidente.

Esta es la culminación de una serie de desencuentros entre López Obrador, que desconoce su derrota en las elecciones presidenciales de 2006 alegando un fraude de la derecha, y el no menos polémico arzobispo primado de México, Norberto Rivera, desde que este avaló la victoria del conservador Felipe Calderón.

Tras los cruces de declaraciones verbales, en octubre un grupo de personas zarandearon el coche de Rivera cuando salía de la catedral.

«Estoy en riesgo continuamente, hasta ahora no he sentido miedo, pero sí soy consciente de que estoy viviendo en un riesgo continuo porque continuamente he recibido amenazas de muerte», dijo entonces el cardenal, que este domingo no había acudido a la catedral alegando otros compromisos.

Hace apenas dos semanas unos 80 jóvenes ingresaron en el templo de la capital con las manos pintadas de rojo interrumpiendo el discurso del religioso y le recriminaron a gritos sus declaraciones a favor del despliegue de 4.500 policías en la ciudad de Oaxaca (sur), hace un año, para acabar con una rebelión popular contra el gobernador de ese estado, Ulises Ruiz.

Durante el presente año, la izquierda y la Iglesia católica mexicanas han protagonizado otros roces a raíz de la aprobación en la Ciudad de México de sendas leyes que permiten las uniones legales de homosexuales y la interrupción artificial del embarazo durante las doce primeras semanas de gestación.

El entorno del cardenal ha insinuado incluso que López Obrador podría estar detrás de una denuncia presentada en Estados Unidos contra el cardenal Rivera por presuntamente haber encubierto a un cura mexicano que abusó sexualmente de decenas de niños tanto en México como en Los Angeles. *

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