Gore y Bush hablan como si ya fueran el presidente
Washington, ANSA
Con expresiones graves, tono majestuoso y lenguaje medido, Gore y Bush han querido proyectar hacia la gente una imagen más presidencial.
Fue el actual vicepresidente quien lanzó el desafío el miércoles al aparecer delante a las telecámaras para anunciar a la Nación su propuesta para cerrar la disputa con Bush.
Gore eligió con cuidado la hora, las 18.35, el momento de mayor audiencia, con los telenoticieros en curso, y la escenografía: el candidato a vice al lado, un atril por delante y un fondo austero a su espalda.
El hablaba desde su residencia oficial de vicepresidente, pero el clima era de Despacho Oval, el lugar de trabajo del Presidente. Gore estaba escribiendo desde hacía varias horas el discurso, pero su aparición fue comunicada a la prensa con un aviso mínimo en busca de un blanco importante: tomar a Bush por sorpresa.
Fue una jugada perfecta.
El gobernador de Texas, encerrado desde hacía cuatro días en su «rancho», fue obligado a salir al descubierto.
Bush se precipitó desde su rancho, donde no había telecámaras, a su residencia oficial de gobernador, en Austin, distante 150 kilómetros, mientras sus colaboradores tipeaban en forma acelerada el texto del discurso.
Bush copió la escenografía de Gore: puso Dick Cheney, su candidato a vice, a su lado; en el medio del trajín pudieron encontrar un atril y colocaron un bandera norteamericana como telón de fondo.
Ambos discursos tuvieron el mismo fin: repetir, con tono presidencial impostado, sus respectivas y rígidas posiciones, aunque siempre «por el bien de la Nación, que está por encima de todo».
Bush rechazó rápidamente la única y verdadera propuesta de Gore: encontrarse en una reunión cumbre.
El gobernador de Texas cerró su discurso con un flechazo al rival ya que le dijo que el resultado de las elecciones no debía ser resuelto en base a acuerdos que reemplacen la opinión de los votantes.
Bush, gracias al uso de los nuevos recursos brindados por la tecnología, estuvo tan presidencial como Gore y no cometió ningún «blooper» ni erró ni confundió ninguna de las palabras que pronunció.
La venda que durante varios días cubrió un inmenso grano sobre la mejilla había incluso desaparecido.
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