Las trabas de Uribe al intercambio humanitario

EL INTERCAMBIO humanitario entre el gobierno colombiano y las Farc, que ha dado algunos pasos positivos en los últimos días, tiene como principal obstáculo la actitud del presidente Álvaro Uribe, que se evidenció una vez más en su agresivo discurso del martes 13. Allí desechó toda posibilidad de un acuerdo y reiteró su negativa a una zona de despeje para proceder al canje, a favor de la cual se pronunció la Conferencia Episcopal. Uribe tuvo un encuentro con Chávez en la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile, que precede a la reunión de éste con el presidente Sarkozy el día 20 en París.

El mandatario venezolano declaró que el encuentro con su colega colombiano en la capital chilena fue «muy positivo y sobre todo franco» y que dio cuenta en el mismo de la reunión que sostuvo la semana pasada en Miraflores con Iván Márquez, miembro del secretariado de las FARC, y con Nicolás Rodríguez Bautista («Gabino»), jefe del ELN. Chávez agregó que Manuel Marulanda se comprometió a realizar los máximos esfuerzos para enviarle la fe de vida de Ingrid Betancourt, de los tres norteamericanos capturados en acción en Colombia y de los militares y policías colombianos, todos ellos presumiblemente dispersos en distintos lugares. Estas gestiones siguen a sus entrevistas en Caracas con familiares de los prisioneros, tanto colombianos como norteamericanos, «para seguir tejiendo una red de buena voluntad».

Por su parte, la senadora liberal Piedad Córdoba, a la que el presidente Uribe encomendó tareas de mediación, efectuará un planteo en el Senado urgiendo un pronunciamiento a favor del intercambio humanitario. Además de acompañar a los familiares, realizó entrevistas con congresistas y políticos norteamericanos en Washington, incluída la presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi, y visitó en prisión a Sonia y Simón Trinidad, dirigentes de la guerrilla que fueron extraditados a EEUU.

A todo esto, la senadora mexicana Rosario Ibarra de Piedra (a quien conocimos en el exilio como una luchadora permanente por los DDHH) propuso que el Senado de su país apoye las gestiones de paz en Colombia, se pronuncie por el intercambio humanitario y exhorte al gobierno de México a retirar la aceptación de Luis Camilo Osorio como embajador de Colombia. Ya veremos de qué se trata.

En este contexto Uribe pronunció su discurso el martes 13, rodeado de los altos mandos militares y en un tono de virulencia extrema. Hizo recordar su reciente llamado a la fuerza pública a rescatar a sangre y fuego a los prisioneros, lo que provocó un escalofrío de pavor en la sociedad colombiana, que a viva voz lo intimó a no provocar una efusión de sangre. Ahora dijo que el único contacto con Marulanda debía ser ante los fiscales y los jueces para responder por sus crímenes a lo largo de 40 años, y que la fuerza pública lo iría a buscar a su escondite. Reclamó que Sarkozy y Chávez lo tuvieran presente cuando se reúnan el martes en París.

Pero esta invocación de Uribe a los fiscales y a los jueces se parece a mentar la soga en casa del ahorcado. Porque esos jueces y fiscales enviaron a la cárcel a algunas decenas de legisladores, gobernadores, militares y jefes de inteligencia de su gobierno y de los partidos que lo apoyaron en la reelección (y probablemente a la tercera elección a que aspira) por sus vínculos estrechos con las bandas asesinas de los paramilitares y con los narcotraficantes. Esto lo denunciaron con nombre y apellido los máximos jefes paramilitares, empezando por el jefe de las AUC, Salvatore Mancuso, y siguiendo con Ever Veloza y otros, en reiteradas exposiciones ante la Fiscalía. La lista de los nombres es muy extensa, e involucra personalmente al propio Uribe. Allí se habla de los operativos conjuntos desplegados por el ejército y los paramilitares (con participación descollante del jefe de la Brigada XVII y después comandante del ejército, general Alejo del Río), la participación de las AUC para elegir a buena parte de los congresales, las actividades del DAS (Departamento Administrativo de Seguridad), a cargo de Jorge Noguera (hoy en la cárcel) para favorecer las acciones de «paracos» y narcotraficantes, todos mezclados. Muchos de estos personajes están presos, algunos prófugos de la justicia, otros en capilla (véase la nota del día 3, «Vínculos del gobierno de Uribe con los paramilitares»).

Se ha agregado otro hecho revelador, de sabor picante. Una bella presentadora de TV colombiana, Virginia Vallejo, que fue amante del máximo capo del narcotráfico, Pablo Escobar, tuvo el honor de ser entrevistada por Patricia Janiot de la CNN, porque acaba de publicar un libro en que salen a luz, de a chorros, los vínculos del gobierno de Uribe con los narcotraficantes. Al parecer hay allí otras revelaciones importantes, vinculadas al asesinato de Luis Carlos Galán.

Volvamos a Luis Camilo Osorio, embajador de Colombia en México. Se ha comprobado que entregó información reservada a varios grupos de narcotraficantes y paramilitares que estaban siendo investigados por la Fiscalía General de la Nación cuando él encabezaba esa institución, entre 2002 y 2005. Además, desde ese cargo trató de impedir que se investigara a Salvador Arana Sus ­amigo cercano a Uribe, ex gobernador de Sucre y ex embajador de Colombia en Chile­ acusado de crear y financiar grupos paramilitares y hoy prófugo de la Justicia. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje