Ahora la culpa de la crisis es de Chacho
Por Isidoro Gilbert
«Todos esos errores se pagan. Hace 60 días que no se le presta dinero al país», subrayó el mandatario peronista. Reutemann justificó la posición de los gobernadores del PJ que accedieron a suscribir el acuerdo de previsibilidad, al señalar que «si nos negamos, el país se derrumba».
Este acuerdo, que tiende a poner un techo por cinco años a los presupuestos de la Nación y las provincias, integra con la reforma previsional que amenaza con una fisura dentro de la Alianza, conforma lo medular del ajuste económico con el que el gobierno puede conseguir un fuerte respaldo del FMI, organismos internacionales y varios países europeos, para dar seguridad a los mercados de que el país cumplirá con el pago de los intereses de la deuda.
La acusación de Reutemann contra Chacho Alvarez se suma a otros embates de varios gobernadores peronistas, particularmente el bonaerense Carlos Ruckauf, que buscan convertir al ex vicepresidente como el «pato de la boda».
De todas maneras, la posición –y sobre todo los fuertes silencios del máximo dirigente del Frepaso– comienza a transformarse en un problema para los suyos, la tropa de base y para la coalición gobernante.
Alvarez decidió no hacer pronunciamientos públicos por varias semanas; sólo se reúne con sus íntimos que tampoco comunican cuál es el pensamiento del ex vicepresidente sobre el nuevo sesgo económico, o más bien la profundización del ajuste, lo que genera inquietud, comentarios de pasillos y un brote de críticas más abiertas, en algunos casos.
Fisuras y conflictos
El partido de Alvarez ya ha sufrido desgajamientos. Se han ido los socialistas democráticos y otros están por seguir ese camino. El caso más fuerte es el de la diputada nacional María América González, una periodista de la televisión especializada en comentarios y consejos a los jubilados y muy popular, a quien Alvarez convenció que defendiera sus posiciones desde una banca parlamentaria.
La legisladora se opone a que los cambios profundos a la actual legislación previsional se haga por decreto y así se lo dijo al presidente Fernando de la Rúa y anunció que si se aprueba sin debate parlamentario, renunciará a su banca.
No menos de seis legisladores frepasistas anunciaron que no votarán cómo está elaborado el presupuesto nacional que está en debate en la comisión respectiva de la cámara baja y cuyos números se ajustarán por el acuerdo entre la Nación y las provincias, por la menor tasa de crecimiento pautada originalmente (pasará del 4,5% al 3%) y por consiguiente el mayor déficit.
Para poder aumentar el rojo, el gobierno pedirá al Parlamento modificar la ley que puso como objetivo 2003 para llegar a cero déficit, a 2005.
La piedra de toque de la situación argentina es para el jefe de gabinete Chrystian Colombo, el largo estancamiento (más de 30 meses).
A la prensa extranjera le dijo ayer que ordenadas las finanzas, aclaradas las reglas del juego, se podrán incentivar la inversión y revertir la recesión. Es una parte de la realidad.
La otra es la conflictividad social. A la seguidilla de cortes de rutas en casi todas las provincias, impulsada por la desesperación, la semana que viene anticipa una generalización del malestar. A la huelga nacional activa por 36 horas (se inicia el jueves al mediodía y terminará a las 24 horas del viernes que viene), impulsada por la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y la CGT (rebelde) se sumará, pero por 24 horas, la CGT reconocida por el gobierno nacional.
Mirado desde otro ángulo, mientras el gobierno consigue acordar con la mayoría de las provincias, incluso incrementando los fondos sociales que manejaran los gobernadores (la mayoría peronistas) en tiempos electorales, se amplía la fisura entre el poder y amplios sectores populares.
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