Hasta mediados de noviembre no se vislumbra una salida a la crisis política

Bélgica cumple mañana 149 días sin gobierno

El anterior récord de 148 días para formar un gobierno en 1988 fue alcanzado hoy y muy probablemente será superado, ya que los partidos que se impusieron en las legislativas de junio no lograrán ningún acuerdo global para salir de la crisis, al menos hasta mediados de noviembre.

Desde finales de los años 60 la duración de la formación de los gobiernos no ha dejado de aumentar en Bélgica a raíz de las tensiones entre las dos grandes comunidades lingüísticas del país, los flamencos (60%) y los belgas de lengua francesa (40%).

El voto proporcional, que obliga a formar coaliciones con por lo menos dos partidos flamencos y dos partidos de lengua francesa, y la ausencia de partidos nacionales hacen que la ecuación sea particularmente compleja.

En 1978-1979, tras el fracaso del Pacto de Egmont, que preveía un primer paso hacia el federalismo, fueron necesarios 106 días para formar un gobierno, dirigido por el socialcristiano flamenco Wilfried Martens.

Diez años más tarde, en octubre de 1987, un gobierno de centro-derecha, también dirigido por Wilfried Martens, se encontró con la «cuestión de Fourons», una comuna situada en Flandes (norte) cuyos habitantes, en su mayoría de lengua francesa, reclamaban ser anexados a Valonia (sur).

Se necesitaron 148 días de ásperas negociaciones para que Martens recuperase su puesto de jefe de gobierno, en mayo de 1988.

Ahora, el jefe de los cristiano-demócratas y candidato a primer ministro, Yves Leterme, que obtuvo la mayor cantidad de votos en las elecciones de junio, ha logrado cerrar ciertos parciales (justicia, política exterior, empleo) con sus posibles socios liberales.

Sin embargo, quedan aún por delante los temas «comunitarios» más sensibles, que dividen a flamencos y belgas de lengua francesa, cada vez más alejados tras unos comicios que dieron lugar a una situación inédita de divergencia en el norte y el sur del reino.

En efecto, los electores flamencos había optado por partidos que preconizan una amplia reforma del Estado que acuerde a Flandes más competencias para dirigir su floreciente economía.

En cambio, los belgas de lengua francesa habían votado por fuerzas que, si bien están dispuestas a aceptar ciertas modificaciones del actual sistema federal, quieren sobre todo evitar el final de la solidaridad entre las regiones del reino, que amenazaría a Valonia, atrasada económicamente.

Mientras tanto, el gobierno saliente del primer ministro Guy Verhofstadt continúa administrando los asuntos diarios sin poder tomar decisiones sobre otro tipo de cuestiones. *

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