Presidente pakistaní ordenó la detención de opositores
La ex primera ministra Benazir Bhutto, quien regresó del exilio el 18 de octubre y estaba negociando un reparto del poder, acusó al jefe de Estado de haber dado «un segundo golpe» de Estado.
El general Musharraf se apoderó del poder en octubre de 1999 tras un golpe de Estado incruento.
El estado de excepción «llevará a una confrontación inútil entre el régimen y el pueblo, lo que no hace más que ayudar a los extremistas a sacar provecho de la situación en beneficio propio», declaró Bhutto a la televisión estadounidense CBS.
Desde la proclamación el sábado del estado de excepción, justificado, según Musharraf, por un recrudecimiento del terrorismo islamista y las intromisiones judiciales en la actividad del gobierno, «entre 400 y 500 personas fueron detenidas en el país», anunció ayer el primer ministro, Shaukat Aziz.
Imran Khan, un astro del cricket convertido en acérrimo opositor a Musharraf, fue puesto bajo arresto domiciliario.
Otros muchos rivales del presidente corrieron una suerte parecida. Líderes de la oposición, militantes de los derechos humanos y abogados próximos al ex presidente del Tribunal Supremo, Iftikhar Mohammed Chaudhry, fueron detenidos.
Chaudhry, a la cabeza desde 2005 de esta corte, se había convertido en un aguijón para Musharraf, por lo que fue destituido en cuanto se decretaron las medidas de urgencia.
Así pues, el Tribunal Supremo se convirtió en la primera víctima del estado de excepción, justo unos días antes de pronunciarse sobre la validez de la reelección de Musharraf en las elecciones del 6 de octubre.
«Musharraf intenta aferrarse al poder por todos los medios», estimó Khan.
Javed Hashmi, jefe del partido del ex primer ministro exiliado Nawaz Sharif, también se encontraba confinado en su casa en Multan (centro) por orden de las autoridades.
Otra víctima del estado de excepción podrían ser las elecciones legislativas.
«Lo estamos sometiendo a debate. Bajo el estado de excepción, el Parlamento puede otorgarse hasta un año (…) para organizar las próximas elecciones», declaró el primer ministro.
Estos comicios para designar el Parlamento y renovar las asambleas provinciales estaban previstos en enero y eran una bocanada de aire fresco que debía restablecer la democracia en esta potencia nuclear de mayoría musulmana.
Sin embargo Musharraf suspendió la Constitución y amordazó a los medios de comunicación, imponiéndoles restricciones.
«La inacción en esta etapa es un suicidio para Pakistán y no puedo dejar que este país se suicide», recalcó el sábado en su discurso a la nación.
El hombre fuerte de Pakistán pidió comprensión a sus «amigos», entre ellos Estados Unidos, su aliado en la lucha antiterrorista.
Pero Washington dijo estar «decepcionado» y advirtió que tendría que «reexaminar su ayuda» bilateral, aunque sin tocar la partida asignada a la lucha contra el terrorismo.
Entre los peligros que se ciernen sobre Pakistán, Musharraf mencionó la ola de atentados suicidas que han dejado desde julio 420 muertos.
El Ejército paquistaní combate una insurrección de islamistas próximos a los talibanes y Al Qaeda en las zonas fronterizas con Afganistán, que se está propagando hacia el noroeste.
A nivel político Bhutto no ha excluido un acuerdo si Musharraf «restablece la Constitución y (…) organiza elecciones libres», que contarían con el beneplácito de Washington y Londres a fin de que el general se convirtiese en un presidente civil y Bhutto en jefa de gobierno. *
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