Combates y atentados entre facciones sacuden a Pakistán
El presidente, el general Pervez Musharraf, aliado clave de Estados Unidos en su «guerra contra el terrorismo», se enfrenta actualmente a una preocupante insurrección de elementos islamistas cercanos a los talibanes afganos y a Al Qaeda y a una gravísima crisis política.
Musharraf –que se hizo con el poder con un golpe de Estado incruento en 1999– está a la espera del dictamen del Tribunal Supremo sobre la validez de su reelección como presidente del país, llevada a cabo el 6 de octubre. La ex primera ministra Benazir Bhutto, que ayer viajó a Dubai para ver a su familia, dos semanas después de su vuelta a Pakistán tras ocho años de exilio, declaró el miércoles su temor a una instauración del «estado de emergencia» en caso de que el Supremo falle en contra de Musharraf.
Desde mediados de julio, Pakistán –un país musulmán de 160 millones de habitantes que es también una potencia nuclear– se ha visto azotado por unos 20 atentados suicidas que causaron 420 muertos y que fueron perpetrados por islamistas cercanos a los talibanes afganos y a la red terrorista Al Qaeda.
Esos atentados están considerados como represalias por el sangriento asalto de las fuerzas de seguridad paquistaníes en julio contra los islamistas parapetados en la Mezquita Roja de Islamabad, foco de fundamentalistas.
En este contexto, el jueves, un nuevo atentado suicida, el segundo en la presente semana, acabó con las vidas de ocho militares de la aviación, señaló a la AFP el portavoz del ministerio del Interior, Javed Cheema.
Un kamikaze empotró su moto cargada de explosivos en un autobús que transportaba a militares de la aviación en el distrito de Sargodha (centro), donde está la mayor base aérea militar de Pakistán.
Como suele ser habitual en estos atentados, la cabeza del kamikaze fue encontrada en el lugar, señaló un policía, identificado como Hamid Javed.
El martes, otro kamikaze, que iba a pie, hizo estallar su carga explosiva cerca del cuartel general del ejército, en la periferia de Islamabad, y causó siete muertos.
Asimismo, el ejército paquistaní anunció ayer la muerte de entre 60 y 70 islamistas en dos días de enfrentamientos con pro-talibanes del valle de Swat, en el noroeste del país, tras la ruptura de la tregua, el miércoles, mantenida en esa zona en los últimos días.
El valle de Swat es un nuevo foco de la lucha que el ejército paquistaní mantiene desde hace ya años contra islamistas y pro-talibanes en las zonas tribales fronterizas con Afganistán.
El peor atentado radical en la historia de Pakistán se cobró 139 vidas en la sureña ciudad de Karachi el 18 de octubre, el día en que volvió al país Bhutto.
Esta última quiere participar en las legislativas de enero de 2008 y negocia con Musharraf un reparto del poder. *
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